18 mar. 2009

Muerte a los imbéciles


“ ...de lo que se trata en realidad y para
el materialista práctico,
es decir, para el comunista, es de revolucionar
el mundo existente,

de atacar prácticamente y de hacer cambiar
las cosas
con que nos encontramos.”

K. Marx - F. Engels “La ideología alemana”

DE LO QUE SE TRATA

Es una pregunta complicada para el demócrata que mientras come tranquilamente se ve frente a acontecimientos y cosas que se suceden a un ritmo vertiginoso y caótico, un tumulto sin conexión aparente con indicaciones distorsionadas laberínticamente y un futuro que hay que alcanzar a través de la sumisión, el aburrimiento y la estupidez. Desde hace más de setenta años se perfila entre las masas de los países altamente industrializados la tendencia a abandonarse en manos de toda clase de especialistas en lugar de perseguir intereses racionales y, ante todo, el control de sus propias vidas. Por lo visto, las personas esperan que el mundo sin salida sea incendiado por una totalidad que son ellos mismos y sobre la cual nada pueden.

A pesar de que los distintos indicadores económicos, los resultados de la bolsa, los agentes financieros, los responsables políticos y hasta el vecino de la izquierda quieran negarlo, no nos cabe duda de que verdaderamente sobrevivimos en una sociedad desgraciada: las exigencias de felicidad son invariablemente defraudadas por la vida real hasta la muerte. ¿Qué es lo que queda de nuestros sueños? La barca del amor se rompe contra la vida cotidiana. En las gélidas aguas del cálculo egoísta la poesía se ve desmentida día tras día por eso que llaman vida.

Mientras las formas burguesas de existencia son conservadas con obstinación, su supuesto económico se ha derrumbado. La cantidad de bienes de consumo ha llegado a ser tan grande que ningun individuo tiene ya derecho a aferrarse al principio de su limitación; el trabajo es sólo un peaje que los poderosos nos obligan a pagar para vivir maldiciendo nuestra suerte. El mundo al que pertenecemos no propone sino la miseria. Un mundo que no puede ser amado hasta la muerte representa solamente el interés del beneficio y la obligación del trabajo, y de nada sirve estar vivo mientras estás trabajando. Las ventajas de la civilización quedan compensadas por la forma en que las personas se aprovechan de ellas; y se aprovechan de ellas para convertirse en los seres más viles que hayan podido existir.

El demócrata no está loco, quiere vivir hasta el último céntimo... ¿Qué es un demócrata? Un ser corrompido por la mediocridad y el miedo, que sólo se convierte en humano cuando le persigue la muerte, que sólo sabe expresar sus deseos primitivos de una forma primitiva cuando la muerte le tira de la manga; un imbécil. El demócrata no piensa, opina. Lo que debería ser abolido sigue existiendo con la complacencia general, y nosotros nos consumimos con ello. El hecho de soportar pasivamente las alienaciones y miserias convierte a las personas en poco interesantes. Si la rebeldía no es lo más fuerte que sienten no nos interesan. Aquí se están representando dramas, señores demócratas; nos encontramos en una situación homérica y ustedes preocupados por la ETA y el fútbol. Les vamos a revelar el secreto que sus amos tan celosamente les ocultan: ustedes ya se están pudriendo, y el incendio ya ha estallado.

Asociación Contra la Ignorancia

(Fragmento del texto incluído en
"Crítica de la Razón tonta", Asturias, 2002)

(Texto completo aquí)

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