19 jul 2009

Crítica a las teorías de la conspiración


HAY ALGO MÁS ALLÁ DE NUESTRAS NARICES[1]

A lo largo de toda nuestra historia como explotados y oprimidos hemos querido liberarnos, conciente o inconcientemente, de esas relaciones capitalistas que nos hacen ajenos a nosotros mismos, esas mismas relaciones que imponen las necesidades de la economía a nuestras necesidades humanas. En este proyecto siempre ha existido el reformismo, vestido con diferentes trajes pero intacto en su interior, fiel a su esencia. Sus formas han variado, es verdad –partidos “oficiales” y “opositores”, sindicatos más o menos burocráticos, religiones conocidas o desconocidas, subculturas, ONGs- pero su contenido se mantiene ileso a lo largo del tiempo: ser la tendencia del capital para reciclarse y adaptarse a cada época, manteniendo en todo momento lo fundamental: el trabajo asalariado, la mercancía, el Estado, es decir toda dominación que nos convierte en esclavos. Su función específica es la de presentar alternativas a las formas ya obvias y clásicas de dominación, así como también a las “nuevas” e “innovadoras”, según su pobre análisis. El reformismo, en su metodología de atacar las consecuencias de un sistema -o aislar el problema para jamás encontrar una respuesta posible- ya no puede sorprendernos en sus ridículas respuestas. Así y todo, amparados en la ideología dominante, es un muerto que se sigue alimentando de sangre humana.

Ayer mismo, este partido de la reforma actuaba más o menos a cara descubierta, y de esta manera era más fácil identificar a un socialdemócrata o a un sindicalista con sus propuestas. En última instancia, si algún sector salía beneficiado económicamente con ciertas reformas era directamente éste, quedando rápidamente en evidencia. Los reformistas de hoy, en cambio, tienen cierta tendencia a actuar más escondidos, ya sea esta una expresión de su cinismo o de la dinámica dominante, y sus beneficios son difícilmente reconocibles a los ojos del ciudadano que no ve más allá de sus propias narices.

Para gran parte de la población, los políticos y opinólogos varios ya no son creíbles, porque se sabe que “se llenan los bolsillos” o “sólo actúan por el dinero y el poder”. El ciudadano no debe investigar demasiado, basta con que prenda su televisor o lea los diarios y revistas que se le ofrecen para ver imágenes de sus gobernantes y explotadores rodeados del lujo y el confort que a él se le niega. Así las cosas, aparecen estos nuevos altruistas que nos vienen a salvar sin pedir nada a cambio, otro nuevo movimiento que pretende la emancipación del ser humano: la cada vez más creciente formulación y aceptación de teorías conspirativas.

Según estas buenas gentes, las cosas no cambian para bien porque “quienes nos gobiernan son gente mala”, o porque “nosotros aún no somos lo suficientemente buenos para cambiarlas”. La modificación de la conciencia, totalmente separada de las condiciones materiales, bastaría para trasformar lo existente[2]. Para ellos, este mismo sistema, con su explotación e injusticias varias, podría engendrar la felicidad de la humanidad orientado convenientemente, de la misma manera que provoca su suicidio.

Estas teorías llevan a desviar la atención de las causas reales de los problemas. Las causas y responsabilidades de las crisis, guerras, etc. son percibidas como fruto de actividades de "hombres tras la cortina", "sociedades secretas", "lobbies ocultos", entre otros “misteriosos” sujetos. El tipo de mensaje que se da frecuentemente roza aquel del nazismo y fascismo clásicos: la conspiración masónica, los judíos, los illuminati, etc. son los culpables de las crisis, guerras y problemas del mundo. No se analiza que el problema real está en las relaciones económicas y de poder de nuestras sociedades, y en los mecanismos surgidos de ellas.

Estos señores nos harán sentir estafados por el Banco Mundial, pero no por el patrón que se devora nuestras vidas, extrayéndonos la plusvalía a diario. Nos harán sentir mal por las extremas injusticias del capitalismo, pero no podrán reconocer que esos no son momentos extraordinarios de las relaciones mercantiles, sino su misma esencia. Se asustan del montaje del 11 de Septiembre con las Torres Gemelas, mas no les asombra el asesinato diario de proletarios a manos de la policía o las cárceles atestadas de presos.

Una gran parte del origen de este problema podemos achacarlo a una crítica muy corta, simplista y cómoda al capitalismo y al poder. Es más fácil personalizar el funcionamiento del sistema en una serie de actores ocultos, que comprender como una economía tan compleja como la actual actúa, cómo son las estructuras económicas actuales y qué características tienen las estructuras de poder que se forman en el mundo. Algo que por un lado es más concreto, menos secreto, pero por otro lado es más complejo y sobre todo de una abstracción mayor. Esto obedece, claramente, a un aspecto fundamental de la sociedad “de la información”: se tiene la impresión de que hay tantas cosas por aprender y tan poco tiempo, que se aceptan y se buscan las maneras más sintéticas y básicas de obtener comprensión y conocimiento. Existe una presión, algo difusa, que empuja al individuo a querer saber un poco sobre cada asunto, a tener una visión general sobre cada disciplina, ya sea esta mecánica, política o espiritualidad. A cada una le corresponde una mercancía adaptada a la situación, ya sea en forma de best-sellers que parecen haber sido producidos por un software de combinación de frases trilladas, interminables colecciones de videos o reveladoras páginas web interesadas en cuestiones tan dispares como el fenómeno OVNI y las elecciones en Chipre: todo se consume vertiginosamente para poder pasar a la siguiente mercancía, como si de un parque de atracciones se tratara.

Pero la realidad es que vivimos en un sistema donde las personas que ocupan posiciones de decisión y gestión son perfectamente intercambiables en su mayoría, lo que hace que el real problema esté en el sistema en sí, y no en los "actores". El decir esto no es nada nuevo, como el decir que el capitalismo trae la guerra, el hambre y la crisis sin necesidad que nadie desde la sombra, desde grupos ocultos y ocultistas esté provocando estos hechos. Efectivamente, la crítica a las teorías conspirativas que hacemos corresponde al pensamiento clásico de cualquier tendencia revolucionaria que se precie como tal, que desde un principio se enfrentaban a la superstición y a la alienación que se esconden detrás de la conspiranoia/paranoia conspirativa.

Otro problema supone el que sectores reaccionarios diversos: nazis, islamistas, fundamentalistas protestantes, líderes populistas, etc. utilizan y difunden estas teorías de forma cada vez más convincente entre la población, haciendo de ellas un instrumento muy valioso para extender sus mensajes de odio: el antisemitismo, la islamofobia, nacionalismos radicales y excluyentes. En este momento, además, hay algo que juega a su favor: el desprestigio de la clase política, y sobre todo, el desprestigio de la prensa en muchos ámbitos.

Desde la reducción y personalización de la época del nazismo en Europa en “el loco” de Hitler a la justificación de la suba de precios en Argentina por la personalidad soberbia de la presidenta Cristina Fernández, o por el manejo desde las sombras de su marido y ex-presidente… Desde la personificación del imperialismo en el presidente yanqui de turno hasta la personalización de un período de dictadura cívico-militar en un represor o su cúpula más cercana: el aparato sigue intacto, la base de estas políticas económicas siguen intactas, incuestionables.

Este desprestigio se pronuncia en buscar nuevos canales para la protesta, cada vez más moderada: si antes nos desanimábamos con manifestaciones callejeras que parecían un rebaño de ovejas, hoy eso parece revolucionario en comparación con las protestas por Internet que se traducen en cadenas de e-mails, mensajes en foros, difusión de videos-documentales como “Zeigeist”[3], etc.

Así y todo, es sorprendente que a estos pseudomanifestantes aún les queden ganas de hacer esto, ya que la lejanía en la que sitúan al enemigo ya debería ser de por sí suficientemente desalentadora. Si la izquierda del sistema, aquí en América Latina, nos sitúa al enemigo en los distantes Estados Unidos, los conspiraniocos nos hablan de una o dos familias, grupos o sectas que se hallan escondidos en alguna parte del mundo, manejando desde allí las palancas de todos los países.

Nos presentan este sistema como inalterable, porque el problema parecen ser ciertas personas, mas no las relaciones miserables que engendra el capitalismo… Comprendemos que estas relaciones están personificadas por los burgueses (empresarios, políticos, directores de los mass media, etc), pero nuestra lucha no es esencialmente contra ciertas personas o grupos de personas, sino contra ciertas formas de relación social que ellos generan. Claramente, nos encontraremos con estas personas como obstáculos desde el momento en que queramos ponernos a actuar para ser verdaderamente libres, pero no comprender que se trata de personas y de relaciones sociales es no comprender la totalidad del asunto. Y, peor aún, ocultar las verdaderas causas de nuestras desgracias es seguir podando ramas sin atacar la raíz del problema.

No es la causa de la pobreza que estén conspirando para imponer una moneda única en Europa y Estados Unidos, las causas de la pobreza se encuentran en una sociedad de clases que, entre otras cosas, ha necesitado crear el dinero, el intercambio de valor, y busca sobrevivir a costa de lo que sea. No hace falta que como “ciudadanos libres” nos pongamos a luchar por combustibles alternativos al petróleo que genera guerras y degrada el medio ambiente. Primero porque no somos ni ciudadanos ni libres, somos explotados y oprimidos, y segundo porque los capitalistas ya estaban investigando de antes sobre combustibles alternativos para no detener la ruta de la mercancía.

La creencia en teorías conspirativas no sólo puede llevarnos a desarrollar puntos de vista reaccionarios y alejados de la realidad, sino incluso a servir de difusores para ideas de la extrema derecha. Por ejemplo, con respecto a las revueltas que comenzaron en Diciembre de 2008 por la región griega, en uno de estos sitios web donde su autor ve conspiraciones masónicas o illuminati por todas partes nos profetizaba:

“Hace meses, os advertí del peligro de que las lógicas protestas ante las ayudas a los bancos derivaran en disturbios, que han comenzado en Grecia tras el asesinato de un joven (comprobado por testimonios oculares, no fue una “bala perdida”). El asesinato ha sido el detonante perfecto para los disturbios que los Illuminati-Bilderberg de la Comisión Europea necesitaban mientras deciden como imponer su Constitución y las ayudas a los bancos, además de criminalizar la natural ira ante la estafa que sufrimos a sus manos. Estos disturbios artificialmente diseñados son la excusa perfecta para que muchas personas no se unan a las protestas y, así, dividir a la población. […] Si estos chicos pensaran, y supieran lo que venimos avisando desde hace años, sabrían que todas esas noticias, el crack económico y del dólar y, por supuesto, sus propias algaradas, son el pretexto buscado -y diseñado- para la supresión de la moneda “contante”, la instauración ÚNICA del dinero electrónico y, cómo no, del chip en nuestros propios cuerpos […]”

Estas estúpidas paranoias y mediocres reflexiones nos llevarían no sólo a la inacción, sino a perder de vista la potencia de nuestra clase en tanto que fuerza autónoma, destructiva y transformadora. ¿Cómo piensan estos señores que vamos a revertir las cosas? ¿Pacíficamente en nuestros computadores? ¿Votando al Partido Verde?

Resumiendo, las teorías conspirativas son un problema dentro de los movimientos sociales, y particularmente del movimiento libertario. Pero no son estas pseudo-teorías las que contaminan y desvían la praxis pretendidamente revolucionaria, sino que éstas encuentran terreno fértil en un conjunto de grupos e individuos sin una critica autónoma (de esto se trata también la autonomía, de no utilizar las posiciones de la clase dominante, por más camufladas que estén).

Claramente, esto es algo que debería ser discutido: el por qué reproducir estas quejas sin sentido, y cómo nuestras carencias en el análisis de la realidad social y económica nos impulsan a malgastar nuestras energías, nuestras luchas y nuestras vidas. Si queremos vencer al capitalismo y la dominación, debemos comprender la total complejidad de la sociedad. No podemos caer en creer que existen "los que detentan el poder" (los visibles y aquellos supuestos invisibles titiriteros) y "los engañados" (que vendríamos a ser el resto de la población mundial). Caer en el error de dar por supuesto que hay unos titiriteros que mueven toda la realidad, aparte de ser ingenuo y una simplificación, no hace más que distraer cualquier acto de resistencia y ataque real.


Comité de Herejías Varias

Invierno del 2009



[1] Inspirado en el texto Crítica a las teorías de la conspiración, aparecido en Noviembre de 2008 en el sitio web A las barricadas, firmado por Akelarre. Recomendamos dirigirse al artículo original para ampliar estas posiciones.

Link: www.alasbarricadas.org/noticias/?q=node/9142

[2] Aquí se nos aparece la “Ley de la atracción”, esa farsa que mueve millones (mediante best-sellers, videos, conferencias, etc.) nutriendo al mismo tiempo al conformismo y la pasividad que mueven más millones aún. Este “secreto” -según lo publicitan sus beneficiarios directos y los estúpidos embaucados- se trata de algo así como: “lo semejante atrae a lo semejante": "tú obtienes las cosas que piensas” porque “tus pensamientos determinan tu realidad". Bastaría con pensar “positivamente” para salir de la crisis según estos idiotas, argumentando que el pensamiento “negativo” de una sola persona puede arruinar su vida, y el pensamiento “negativo” de gran parte de los habitantes del globo arruinaría la realidad del mismo.

[3] Este video es verdaderamente el padre de la criatura conspiranoica con su método de análisis idealista donde no hay condiciones materiales y reales, todo se trata de “ciudadanos buenos” y “hombres-monstruo malos” que sólo tienen codicia y no son funcionales ni a la burguesía ni al sistema capitalista. Este video se distribuye gratuitamente, lo que usualmente es usado como argumento para justificar su veracidad, como si el hecho de no pagar por un producto lo absolviera inmediatamente de toda función ideologizante.

En el foro de de la web de Zeitgeist se mencionó el apoyo para las elecciones de las última presidencia de USA a Ron Paul, antes miembro del Partido Libertario y ahora miembro del Partido Republicano. Casualmente este político vino a formular respuestas a todas las inquietudes políticas que se plantean en la primer parte del documental: abolir la Reserva Federal, oponerse a la Unión de Estados del Norte y poner fin al Impuesto a los Ingresos. Si entramos en su lógica conspirativa, este candidato podría haber primero lanzado el video como una forma no convencional de publicidad para luego salir “casualmente” a hablar de lo mismo, o quizás brindó respuestas a preguntas emergentes de parte de la sociedad. Nos da lo mismo: el video sigue siendo una falsificación de las cuestiones sociales, y los políticos siguen representando y defendiendo los intereses de la clase dominante.

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Texto publicado por: Mariposas Del Caos

Descargar en formato .PDF: Link


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20 may 2009

Programa elemental de la oficina de urbanismo unitario


1. NULIDAD DEL URBANISMO Y NULIDAD DEL ESPECTÁCULO
El urbanismo no existe: no es más que una "ideología" en el sentido de Marx. La arquitectura existe realmente, como la coca-cola: es una producción investida de ideología que satisface falsamente una falsa necesidad, pero es real. Mientras que el urbanismo es, como la ostentación publicitaria que rodea la coca-cola, pura ideología espectacular. El capitalismo moderno, que organiza la reducción de toda vida social a espectáculo, es incapaz de ofrecer otro espectáculo que el de nuestra alienación. Su sueño urbanístico es su maestro de obras.

2. LA PLANIFICACIÓN URBANA COMO CONDICIONAMIENTO Y FALSA PARTICIPACIÓN
El desarrollo del medio urbano es la educación capitalista del espacio. Representa la elección de una cierta materialización de lo posible, excluyendo las demás. Como la estética, cuyo movimiento de descomposición viene a continuar, puede considerarse como una rama bastante descuidada de la criminología. Sin embargo, lo que caracteriza al "urbanismo" con respecto a su plano simplemente arquitectónico es que exige el consentimiento de la población, la integración individual en la puesta en marcha de esta producción burocrática de condicionamiento.

Todo esto se impone mediante el chantaje de la utilidad. Se oculta que toda la importancia de esta utilidad está al servicio de la reedificación. El capitalismo moderno hace que renunciemos a toda crítica con el simple argumento de que "hace falta un techo", lo mismo que hace la televisión con el pretexto de que la información y la diversión son necesarias, llevándonos a descuidar la evidencia de que esa información, esa diversión, este hábitat no se han hecho para las personas, sino a pesar de ellas, contra ellas.

Toda planificación urbana se comprende únicamente como campo de publicidad-propaganda de una sociedad, es decir: como organización de la participación en algo en lo que es imposible participar.

3. LA CIRCULACIÓN, ESTADIO SUPREMO DE LA PLANIFICACIÓN URBANA
La circulación es la organización del aislamiento. Por ello constituye el problema dominante de las ciudades modernas. Es lo contrario del encuentro, la absorción de las energías disponibles para el encuentro o para cualquier tipo de participación. La participación que se ha hecho imposible se compensa en el espectáculo. El espectáculo se manifiesta en el hábitat y en el desplazamiento (standard de alojamiento y vehículos personales). Porque de hecho no se habita en un barrio de una ciudad, sino en el poder. Se habita en alguna parte de la jerarquía. En la cima de esta jerarquía, los rangos pueden medirse por el grado de circulación. El poder se materializa en la obligación de estar presente cotidianamente en lugares cada vez más numerosos (comidas de negocios) y cada vez más alejados unos de otros. Se puede caracterizar al alto dirigente como un hombre que llega a encontrarse en tres capitales diferentes en un solo día.

4. EL DISTANCIAMIENTO ANTE EL ESPECTÁCULO URBANO
La totalidad del espectáculo que tiende a integrar a la población se manifiesta tanto en la ordenación de las ciudades como en la red permanente de información. Es un marco sólido para proteger las condiciones de vida existentes. Nuestro primer trabajo consiste en dar a las personas la posibilidad de que dejen de identificarse con el entorno y los modelos de conducta, lo que resulta inseparable de la posibilidad de reconocerse libremente en algunas primeras zonas delimitadas para la actividad humana. La gente estará obligada todavía durante mucho tiempo a aceptar el período reificado de las ciudades. Pero la actitud con que lo aceptarán puede cambiar inmediatamente. Hay que fomentar la desconfianza hacia los jardines de infancia ventilados y coloreados que constituyen, tanto en el Este como en el Oeste, las nuevas ciudades dormitorio. Sólo el despertar planteará la cuestión de una construcción consciente del medio urbano.

5. UNA LIBERTAD INDIVISIBLE
El principal logro de la actual planificación de las ciudades es hacer olvidar la posibilidad de lo que llamamos urbanismo unitario, es decir, de la crítica viviente, alimentada por las tensiones de la vida cotidiana, de esta manipulación de las ciudades y de sus habitantes. Crítica viviente quiere decir establecimiento de las bases para una vida experimental: reunión de creadores de su propia vida en terrenos equipados para sus fines. Estas bases no podrían estar reservadas al "ocio" separado de la sociedad. Ninguna zona espacio-temporal es completamente separable. De hecho, siempre se da una presión de la sociedad global sobre los actuales "cupos" vacacionales. La presión se ejercerá en sentido inverso en las bases situacionistas, que funcionarán como cabezas de puente para una invasión de toda la vida cotidiana. El urbanismo unitario es lo contrario de la actividad especializada, y reconocer un campo urbanístico separado es reconocer ya toda la mentira urbanística y la mentira de toda la vida.

Lo que el urbanismo promete es la felicidad. El urbanismo será juzgado por tanto en función de esta promesa. La coordinación de los medios artísticos y científicos de denuncia debe llevar a una denuncia completa del condicionamiento existente.

6. EL DESEMBARCO
Todo el espacio está ocupado por el enemigo, que ha domesticado para su propio uso hasta sus reglas elementales (incluso la geometría). El auténtico urbanismo aparecerá cuando se cree en algunas zonas el vacío de esta ocupación. Lo que nosotros llamamos construcción comienza allí. Puede comprenderse con la ayuda del concepto de "agujero positivo" forjado por la física moderna. Materializar la libertad, es en primer lugar sustraer a un planeta domesticado algunas parcelas de su superficie.

7. LA LUZ DE LA DESVIACIÓN
El ejercicio elemental de la teoría del urbanismo unitario será la transcripción de toda la mentira teórica del urbanismo, desviada con fines de desalienación: tenemos que defendernos constantemente de la epopeya de los bardos del condicionamiento, invertir sus ritmos

8. CONDICIONES DE DIÁLOGO
Lo práctico es lo funcional. Únicamente la resolución de nuestro problema fundamental es práctica: la realización de nosotros mismos (nuestro desligamiento del sistema de aislamiento). Lo útil y lo utilitario es esto. Nada más. El resto no representa más que derivaciones mínimas de lo práctico, su mistificación.

9. MATERIA PRIMA Y TRANSFORMACIÓN
La destrucción situacionista del condicionamiento actual es al mismo tiempo la construcción de situaciones. Es la liberación de las energías inagotables contenidas en la vida cotidiana petrificada. La actual planificación de las ciudades, que se presenta como una geología de la mentira, dejará lugar con el urbanismo unitario a una técnica de defensa de las condiciones siempre amenazadas de la libertad cuando los individuos, que no existen aún como tales, construyan libremente su propia historia.

10. FIN DE LA PREHISTORIA DEL CONDICIONAMIENTO
No sostenemos que haya que volver a ninguna fase anterior al condicionamiento, sino ir más allá. Hemos inventado la arquitectura y el urbanismo que no pueden realizarse sin la revolución de la vida cotidiana, es decir sin la apropiación del condicionamiento por todos los hombres, su enriquecimiento indefinido, su realización.


Attila Kotanyi - Raoul Vaneigem, Internationale Situationniste 6, 1961

18 mar 2009

Muerte a los imbéciles


“ ...de lo que se trata en realidad y para
el materialista práctico,
es decir, para el comunista, es de revolucionar
el mundo existente,

de atacar prácticamente y de hacer cambiar
las cosas
con que nos encontramos.”

K. Marx - F. Engels “La ideología alemana”

DE LO QUE SE TRATA

Es una pregunta complicada para el demócrata que mientras come tranquilamente se ve frente a acontecimientos y cosas que se suceden a un ritmo vertiginoso y caótico, un tumulto sin conexión aparente con indicaciones distorsionadas laberínticamente y un futuro que hay que alcanzar a través de la sumisión, el aburrimiento y la estupidez. Desde hace más de setenta años se perfila entre las masas de los países altamente industrializados la tendencia a abandonarse en manos de toda clase de especialistas en lugar de perseguir intereses racionales y, ante todo, el control de sus propias vidas. Por lo visto, las personas esperan que el mundo sin salida sea incendiado por una totalidad que son ellos mismos y sobre la cual nada pueden.

A pesar de que los distintos indicadores económicos, los resultados de la bolsa, los agentes financieros, los responsables políticos y hasta el vecino de la izquierda quieran negarlo, no nos cabe duda de que verdaderamente sobrevivimos en una sociedad desgraciada: las exigencias de felicidad son invariablemente defraudadas por la vida real hasta la muerte. ¿Qué es lo que queda de nuestros sueños? La barca del amor se rompe contra la vida cotidiana. En las gélidas aguas del cálculo egoísta la poesía se ve desmentida día tras día por eso que llaman vida.

Mientras las formas burguesas de existencia son conservadas con obstinación, su supuesto económico se ha derrumbado. La cantidad de bienes de consumo ha llegado a ser tan grande que ningun individuo tiene ya derecho a aferrarse al principio de su limitación; el trabajo es sólo un peaje que los poderosos nos obligan a pagar para vivir maldiciendo nuestra suerte. El mundo al que pertenecemos no propone sino la miseria. Un mundo que no puede ser amado hasta la muerte representa solamente el interés del beneficio y la obligación del trabajo, y de nada sirve estar vivo mientras estás trabajando. Las ventajas de la civilización quedan compensadas por la forma en que las personas se aprovechan de ellas; y se aprovechan de ellas para convertirse en los seres más viles que hayan podido existir.

El demócrata no está loco, quiere vivir hasta el último céntimo... ¿Qué es un demócrata? Un ser corrompido por la mediocridad y el miedo, que sólo se convierte en humano cuando le persigue la muerte, que sólo sabe expresar sus deseos primitivos de una forma primitiva cuando la muerte le tira de la manga; un imbécil. El demócrata no piensa, opina. Lo que debería ser abolido sigue existiendo con la complacencia general, y nosotros nos consumimos con ello. El hecho de soportar pasivamente las alienaciones y miserias convierte a las personas en poco interesantes. Si la rebeldía no es lo más fuerte que sienten no nos interesan. Aquí se están representando dramas, señores demócratas; nos encontramos en una situación homérica y ustedes preocupados por la ETA y el fútbol. Les vamos a revelar el secreto que sus amos tan celosamente les ocultan: ustedes ya se están pudriendo, y el incendio ya ha estallado.

Asociación Contra la Ignorancia

(Fragmento del texto incluído en
"Crítica de la Razón tonta", Asturias, 2002)

(Texto completo aquí)

3 feb 2009

La Miseria: Publicacion Contra la Universidad


Las personas que integramos este blog editamos el año pasado esta publicación con el objetivo de luchar desde dentro de la universidad, no por reivindicaciones parciales y sectorizadas, sino por la erradicación de la misma y de todo el sistema de trabajo asalariado. Dicha publicación cuenta con 4 textos nuestros más un agregado de origén español sobre la cuestión de la profesionalización. Esperamos editar un segundo número de la misma alrededor de abril de este año siguiendo con la temática pero intentando extendernos sobre algunas facetas del movimiento estudiantil como son las cuestiones asamblearias, los grupos políticos que se encuentran en la misma y muchas otras cosas.

Descargar la publicación

10 ene 2009

El obrerismo es obsoleto, pero la posición de los trabajadores sigue siendo pivotal



“Aboliremos los esclavos porque no podemos aguantar su mirada.”
Nietzsche


Luchar por la liberación no supone aplaudir los rasgos de lo oprimido. La más extrema injusticia de la opresión social es que es más probable que degrade a las víctimas que las ennoblezca.

Gran parte de la retórica de la izquierda tradicional procede de nociones obsoletas de la ética del trabajo: el burgués sería malo porque no realiza ningún trabajo productivo, mientras los honorables proletarios merecerían los frutos de su trabajo, etc. Como el trabajo ha llegado a ser cada vez más innecesario y dirigido hacia fines cada vez más absurdos, esta perspectiva ha perdido todo el sentido que pudiera haber tenido alguna vez. La cuestión no es alabar al proletariado, sino abolirlo.

La dominación de clase no ha desaparecido sólo porque un siglo de demagogia izquierdista haya conseguido que parte de la vieja terminología radical suene lo bastante sensiblera. Mientras hacía desaparecer progresivamente ciertos tipos de trabajo manual tradicional y abandonaba al desempleo permanente a sectores enteros de la población, el capitalismo moderno ha proletarizado a casi todos los demás. Oficinistas, técnicos, e incluso profesionales de clase media que antiguamente se ufanaban de su independencia (médicos, científicos, académicos) están cada vez más sujetos a la más cruda comercialización e incluso a una regimentación semejante al trabajo en cadena.

Menos de un 1% de la población mundial posee el 80% del territorio. E incluso en los supuestamente más igualitarios Estados Unidos, la disparidad económica es extrema y se hace constantemente más extrema. Hace veinte años el salario medio de un alto dirigente era 35 veces mayor que el salario medio del obrero de fabrica; hoy equivale a al menos 120 veces. Hace veinte años el 0,5% de los más ricos de la población americana poseía el 14% de la riqueza privada total; ahora poseen el 30% de la misma. Pero tales proporciones no dan la medida completa del poder de esta élite.
La “riqueza” de las clases media y baja se dedica casi enteramente a cubrir sus necesidades cotidianas, dejando poco o nada para invertir en cualquier plano significativo que dé poder social.

Un magnate que posea tan sólo el cinco o diez por ciento de una sociedad anónima podrá normalmente controlarla (debido a la apatía de la masa no organizada de pequeños accionistas), ejerciendo así tanto poder como si poseyera la corporación entera. Y hacen falta sólo unas cuantas corporaciones mayores (cuyas direcciones están estrechamente interrelacionadas una con otra y con las burocracias más altas del gobierno) para comprar, suprimir o marginalizar a competidores independientes más pequeños y controlar efectivamente a los políticos clave y a los medios.

El espectáculo omnipresente de la prosperidad de la clase media ha ocultado esta realidad, especialmente en los Estados Unidos donde, debido a su historia particular (y a pesar de la violencia de muchos de sus conflictos de clase del pasado), la gente es más ingenuamente inconsciente de las divisiones de clase que en cualquier otra parte del mundo.
La extensa variedad de etnias y la multitud de gradaciones intermedias complejas han amortiguado y oscurecido la distinción fundamental entre dominantes y dominados. Los americanos poseen suficientes mercancías para no tener que prestar atención al hecho de que otros posean la sociedad completa.

Excepto quienes están en lo más bajo, que no pueden evitar conocer mejor esto, asumen generalmente que la pobreza es culpa de los pobres, que cualquier persona emprendedora encontrará siempre muchas oportunidades, que si no puedes tener una vida satisfactoria en algún lugar puedes encontrar siempre un nuevo punto de partida en cualquier otro.

Hace un siglo, cuando la gente simplemente tenía que desplazarse más al oeste, esta creencia tenía algún fundamento; la persistencia del espectáculo nostálgico de la frontera oscurece el hecho de que las condiciones presentes son muy diferentes y que ya no tenemos ningún sitio donde ir.

Los situacionistas utilizaron a veces el término proletariado (o más precisamente, el nuevo proletariado) en un sentido amplio para referirse a “todos aquellos que no tienen poder sobre sus propias vidas y lo saben.”

Este uso puede ser poco riguroso, pero tiene el mérito de acentuar el hecho de que la sociedad está todavía dividida en clases, y que la división fundamental se da todavía entre unos cuantos que poseen y controlan todo y el resto que tiene poco o nada que cambiar más que su propio poder de trabajo. En algunos contextos puede ser preferible utilizar otros términos, como “el pueblo”; pero no cuando esto contribuye a mezclar indiscriminadamente explotadores con explotados.

No se trata de romantizar a los trabajadores asalariados que, no sorprendentemente, considerando que el espectáculo se diseña sobre todo para mantenerlos engañados, están con frecuencia entre los sectores más ignorantes y reaccionarios de la sociedad. Ni es cuestión de sopesar agravios diferentes para ver quién está más oprimido.

Toda forma de opresión debe ser contestada, y todos pueden contribuir a esta contestación — mujeres, jóvenes, desempleados, minorías, lumpen, bohemios, campesinos, clases medias, e incluso renegados de la élite dominante. Pero ninguno de estos grupos puede alcanzar una liberación definitiva sin abolir el fundamento material de todas estas opresiones: el sistema de producción de mercancías y el trabajo asalariado. Y esta liberación sólo puede alcanzarse mediante la auto-abolición colectiva de los trabajadores asalariados. Sólo ellos tienen capacidad no sólo para llevar directamente a detenerse a todo el sistema, sino también para poner de nuevo las cosas en marcha de un modo fundamentalmente nuevo.(6)

Ni se trata de reconocer a nadie privilegios especiales. Los trabajadores en los sectores esenciales (alimentación, transporte, comunicaciones, etc.) que han rechazado a sus jefes capitalistas y sindicales y han comenzado a autogestionar sus actividades no tendrán obviamente interés en defender el “privilegio” de hacer todo el trabajo; por el contrario, tendrán un vivo interés en invitar a los otros, sean no trabajadores o trabajadores de sectores obsoletos (justicia, ejército, comercio, publicidad, etc.), a unirse a su proyecto para reducirlo y transformarlo. Cualquiera que tome parte cooperará en la toma de decisiones; sólo quedarán excluidos quienes permanezcan a un lado reclamando privilegios especiales.

El sindicalismo y el consejismo tradicionales se han inclinado excesivamente a tomar la división del trabajo existente como dada, como si la vida de la gente en una sociedad postrevolucionaria continuase girando alrededor de trabajos y lugares de trabajo fijos. Incluso dentro de la sociedad presente tal perspectiva se está haciendo cada vez más obsoleta: como la mayoría de la gente tiene trabajos absurdos y con frecuencia sólo temporales, sin identificarse de ninguna forma con ellos, y muchos otros no trabajan en absoluto en el mercado asalariado, los temas relativos al trabajo se convierten simplemente en un aspecto de una lucha más general.

Al principio de un movimiento puede convenir que los trabajadores se identifiquen como tales. (“Nosotros, trabajadores de tal o cual compañía, hemos ocupado nuestro lugar de trabajo con tales o cuales objetivos; urgimos a los trabajadores de otros sectores a hacer lo mismo.”) La meta última, sin embargo, no es la autogestión de las empresas existentes.

Pretender, digamos, que los trabajadores de los medios deban tener control sobre estos sólo porque trabajan allí casualmente sería casi tan arbitrario como el control actual por parte de cualquiera que los posee casualmente.

La gestión de los trabajadores de las condiciones particulares de su trabajo deberá combinarse con la gestión por parte de la comunidad de los asuntos de incumbencia general. Amas de casa y otros que trabajan en condiciones relativamente separadas tendrán que desarrollar sus propias formas de organización que les capaciten para expresar sus intereses particulares.

Pero los conflictos potenciales de intereses entre “productores” y “consumidores” se superarán rápidamente cuando todos lleguen a estar directamente involucrados en ambos aspectos; cuando los consejos de trabajadores se interrelacionen con los consejos de comunidad y de barrio; y cuando las posiciones de trabajo fijas se apaguen gradualmente mediante la obsolescencia de la mayoría de los trabajos y la reorganización y rotación de aquellos que se mantengan (incluidos los trabajos del hogar y el cuidado de los niños).

Los situacionistas estuvieron verdaderamente en lo cierto al luchar por la formación de los consejos obreros durante las ocupaciones de fábricas de mayo de 1968. Pero debería anotarse que tales ocupaciones se pusieron en movimiento mediante acciones de la juventud en gran medida no trabajadora.
Los situacionistas posteriores a mayo del 68 tendieron a caer en una especie de obrerismo (aunque con una ética resolutivamente anti-obrerista), contemplando la proliferación de huelgas salvajes como el mejor indicador de las posibilidades revolucionarias mientras dedicaban menos atención a desarrollos sobre otros terrenos.

En realidad sucede frecuentemente que los obreros que son poco radicales a otros respectos son forzados a unirse a las luchas salvajes debido tan sólo a la descarada traición de sus sindicatos; y por otra parte, se puede resistir al sistema de muchas otras formas además de las huelgas (incluyendo en primer lugar evitar el trabajo asalariado en la medida en que sea posible).

Los situacionistas reconocieron correctamente la autogestión colectiva y la “subjetividad radical” del individuo como aspectos complementarios e igualmente esenciales del proyecto revolucionario, pero sin conseguir completamente llegar a unirlas.

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