"Unos pocos no pueden controlar a unos muchos,
pero unos pocos pueden condicionar a unos muchos
para que se controlen entre sí."
La opinión pública es un valor absoluto para el hombre y la mujer burgueses, porque ellos saben que están viviendo en una manada: una manada de animales asustados, que se volverán en contra de todo aquel que no reconozcan como propio.
Complotan maneras para parecer incluso más normales que sus amigos y colegas. Cualquier cosa que los arrastre fuera de sus rutinas es visto como sospechoso en el mejor de los casos.
El amor y la lujuria son enfermedades, posiblemente fatales, como lo son todas las otras pasiones que podrían llevar a la realización de actos que desemboquen en la expulsión de la manada..
Para nada admitan sentir algo que no pertenezca a la oficina o a la cena.
Bajo ninguna circunstancia admitan querer algo más o algo diferente a lo que
“todos los demás” quieren; cualquier cosa o cualquier persona que eso sea.
Asegúrense de tener dinero suficiente como para participar en los más variados rituales. Para mantener su identidad intacta, dejen claro a que subculturas y estilos están alineados, con que bandas y con que modas y con que políticos desean ser asociados
¿No se atreverían a arriesgar su identidad, no? Esa es tu armadura característica, tu única protección contra la muerte segura a manos de tus amigos. Sin una identidad, sin bordes que definan los límites de vos mismo, sólo te disolverías en el vacío ¿no es cierto?
El hombre burgués no es un individuo. No es una persona real. Es el cáncer adentro de todos nosotros. Y ahora puede ser curado.