10 dic. 2009

Partido y Clase




Sin avances significativos en lo que respecta a traducciones o producciones propias (exceptuando el ultimo folleto lanzado y posteado aquí de "La Dominación..") aquí adjuntamos una edición que hemos hecho de un panfleto de Anton Pannekoek, "Partido y Clase", que se ha venido moviendo bastante por estos lados. Lo dejamos listo para imprimir en A4 ya paginado, que lo disfruten y les sirva, Saludos y Revolución Social!

Descargar folleto listo para imprimir (A4)

28 nov. 2009

La Dominación Capitalista de la Vivienda y el Territorio



I - La planificación urbana como condicionamiento y falsa participación

El desarrollo del medio urbano es la educación capitalista del espacio.
 Representa la elección de una cierta materialización de lo posible, excluyendo las demás.
Programa elemental de la oficina de urbanismo unitario.
Attila Kotanyi y Raoul Vaneigem, Internationale Situationniste 6, 1961


El urbanismo es el arte de esconder el sufrimiento, una conjunción de disciplinas organizadas en torno al condicionamiento del sujeto, su atomización, su alienación impuesta y su propia autoalienación. Como disciplina académica obviamente ha ido evolucionando y han aparecido diversas corrientes, todas con una visión distinta de cómo gestionar el medio físico para la explotación laboral, el ocio alienado y todas las facetas de la vida bajo el capital, aunque ninguna que plantee realmente como destruir de raíz estas problemáticas.

La íntima relación que muchos de los movimientos urbanísticos (paisajismo, nuevo urbanismo, etc.) tienen con áreas como la criminalística, el marketing y la publicidad no hacen más que evidenciar la verdadera motivación de los urbanistas. Desde sus comienzos, como ser intelectual separado de sus pares, el urbanista intenta lograr la configuración óptima para la circulación de mercancías por el medio urbano y la mayor visibilidad del territorio para evitar que alguien intente apropiarse ilícitamente de estas.

Esta misma especialización, que se requiere como uno de los requisitos fundamentales para integrar tanto la casta privilegiada de los burócratas que delinean los planes urbanísticos como la de los académicos que poseen el conocimiento necesario para discernir superficialmente con esos criterios, tiene como correlato la marginación del proletariado no sólo de estas esferas de decisión o falso cuestionamiento, claro está, sino incluso en la construcción de una cosmovisión que encarne una propuesta alternativa, aunque sea sólo como posibilidad.

El ámbito electoral y parlamentario da a los explotados la falsa conciencia de participación en la modificación de su entorno. Presupuestos participativos, campañas municipales para la restauración y pintura de casas y demases artimañas son la forma en que la política coopta las inicitivas verdaderamente humanas de modificar el territorio para la satisfacción de las necesidades de la comunidad, redireccionándolas bajo la sombra del estado y los intereses económicos.

II - Trabajo Asalariado

El saqueo más grande llevado a cabo por la explotación, el de más grandes consecuencias, es el robo del tiempo y el espacio. Estos dos robos están sustancialmente unidos. El capital roba nuestro tiempo obligándonos a trabajar y condicionando nuestras vidas, infectándola con relojes, compromisos, fechas tope, y así hasta el más ínfimo detalle. Robando nuestro tiempo impide que nos entendamos a nosotras mismas. Nos aliena. Sin nada de tiempo ni siquiera notaríamos el robo del espacio. Necesitamos tiempo para percibir la presencia del espacio.

El estudio de la economía urbana se lleva a cabo silenciosamente y todos formamos parte de esa dinámica, las relaciones sociales que seguimos reproduciendo se ven reflejadas en su totalidad en la forma de vivir que tenemos. El trabajo domina nuestra existencia, pensamos todo en función de él, queremos estar cerca de nuestros puestos de trabajo y esta realidad le hace las cosas aún más fáciles al capital. Ya sea en Nueva York en el 2009 o en Moscú en 1932, la principal motivación social de cómo entendemos el concepto de hogar y las funcionalidades que nos brinda está íntimamente ligada al rol dentro del sistema de producción que tenemos como trabajadores.

Cuando nuestra fuerza de trabajo flaquea temporalmente, ese dichoso momento al que los capitalistas han designado con el nombre de “enfermarse”, queremos estar cerca de los centros de especialización en la cura (mitigación sólo superficial de una dolencia física profunda y permanente). Cuando el mercado prescinde de nuestras capacidades productivas en determinado momento histórico, corremos a los templos de la intelectualidad para una reprogramación mental y disciplinaria en forma de título formativo; es decir, para que nos acepten de vuelta, esta vez como ingeniero, árbitro de fútbol o malabarista certificado.

 Adoramos estar cerca de todo lo que nos incluye dentro de esta sociedad en la que reina la exclusión, nos hace sentir especiales, valorados, superiores a los demás, de esta manera tenemos menos tiempo para realizar un análisis verdaderamente radical de las muchas formas de opresión que tenemos a nuestro alrededor, que ¡oh casualidad!, al analizarlas con una lupa lo suficientemente potente, todas parecer germinar de una u otra manera en el maldito trabajo asalariado.

III - Ocio Alienado


Luego de una jornada laboral el explotado tiene que consumir lo que produjo anteriormente para continuar valorizando al capital. Como contrapartida de la alienación sufrida durante el proceso de producción, el tiempo de ocio es en la sociedad moderna ocio alienado, esfera separada de la vida en el momento temporal en que se sucede. Destinamos mentalmente cierta cantidad de horas al esparcimiento para recuperarnos mentalmente del stress generalizado en que vivimos diariamente, sin poner en discusión o ni siquiera intentar imaginarnos que lo que hacemos y como nos relacionamos en esos momentos de ocio son una forma de legitimación de las relaciones sociales que todos y todas nos encargamos de reproducir.

Para el urbanismo esto produce un gozo indescriptible, la posibilidad de ofrecerles a todos esos proletarios hambrientos de ocio un marco espacial y temporal en donde puedan vaciar sus billeteras y condenar a sus hermanos que produjeron las mercancías que ellos van a utilizar para mitigar los efectos físicos y psicológicos provenientes de la alienación.

Para el capital no existe ni la noche ni el día, ni los árboles ni los animales, ni siquiera el entorno natural originario, el capital se apropia de todo y lo pone a disposición de quien quiera obtener un rédito en forma de ganancia de todo este proceso. Todo gira en torno al consumo, donde algunos intentan ver estrellas el burgués ve boliches bailables, restaurantes y alcoholización, cuando otros buscan pisar tierra y cesped, el capital construye un aeropuerto y una agencia de viajes, obligandolos tal vez a postergar el ocio para las dos semanas que el patrón les da para vacacionar, en un lugar diseñado urbanisticamente para contener olas y olas de explotados con ansias de mitigar los daños producidos por el trabajo de todo un año durante quince alienados días en un hotel con vista al mar.

IV - Espacios Verdes, tan verdes como el dinero


Para el sistema dominante ya no hay paisaje, ni naturaleza, ni calle para pasear sino rentabilidad del metro cuadrado; plusvalía del prestigio para el mantenimiento de un marco de verde, árboles o rocas. Ya sea construir una plaza en un barrio carenciado para que se conformen con la actual gestión de gobierno o valorizar los edificios de lujo cercanos al nuevo parque, la motivación no es obviamente nunca el deseo de la comunidad humana de estar en su medio original sino la de seguir dinamizando las relaciones sociales que impone el capital.

En cada parque y plaza podemos ver también una estatua, un héroe de la intelectualidad, alguien al cuál los proletarios admiren por su superación respecto de la suya, donde sus condiciones de vida les niegan la posibilidad de desarrollar su pensamiento. Puede ser también el de un gran general o político que se encargó de mantener la paz social en algún momento histórico, desde el parlamento o la retaguardia de una sangrienta represión. De cualquier modo la burguesía le hace un guiño  simpático a sus heroes, atemorizando y condicionando inconscientemente de paso a los proletarios que pudieran tener en mente la idea de la destrucción de esta sociedad.

V - Urbanismo como forma de exclusión


La reagrupación jerarquizada de la población es un pilar del urbanismo, la optimización del consumo (optimización de la tasa de ganancia) como pilar del capital se ve reflejado en este punto. Cuando por todas las formas de condicionamiento psicológico y social no se puede excluir a cierto estrato inconveniente de una zona con una perspectiva de alta rentabilidad a futuro, el estado entra en juego aumentando los impuestos hasta el punto en que los indeseados no pueden subsistir más, excluyéndolos de su medio, sus posibilidades de trabajo, la educación de sus descendientes, etc.

Luego reurbanizar y quizás quién sabe, hasta los nuevos inquilinos tendrán que ser expulsados en unos años, el capital se caracteriza por no tenerle respeto a ningun ser vivo, solo a ese monstruo llamado dinero. Cuando todas estas herramientas se agotan ya sabemos lo que viene, palos, gases y cárcel, reservados con placer por las fuerzas represivas para aquellos que osen interponerse en el camino de muerte de la dominación capitalista del territorio.

VI - Urbanismo como dominación sobre los explotados

El poder ya no intenta ni siquiera disimular el hecho de que la ordenación del territorio está principal y directamente concebida en función de una próxima guerra civil, las carreteras están reforzadas en previsión del paso de los tanques; las torres y los conjuntos recientemente construidos abrigan unas cámaras que transmiten a la jefatura de policía, a lo largo de veinticuatro horas del día, una visión panorámica de las calles; en los edificios modernos, están previstas unas "cámaras de tiro" para uso de los tiradores de élite de la policía.

Expulsiones y reagrupaciones jerarquizadas de la población, rastreos policiales de los barrios populares, difusión constante por los medios masivos de comunicación de la condición de inseguridad reinante en la urbe, la gente en sus casas encerrada y ultraatomizada, en las calles sólo las fuerzas del orden y los delincuentes, librando la guerra de la democracia, la del bien sobre el mal, el falso conflicto que intenta tapar la verdadera lucha de clases.

VII - ¿Catástrofe natural? ¡Catástrofe del capital!


Durante el verano de 1999 la corteza terrestre cruje una vez más en los Balcanes; en Turquía, los terremotos ocasionan la muerte de 50.000 proletarios. ¿Fatalidad? NO, la responsabilidad de este drama, como siempre, no la tiene la vieja y sana tierra que nos sustenta sino que le corresponde exclusivamente a la organización social asesina que rige y organiza a los hombres en su superficie: el capitalismo.

En 45 segundos la hecatombe resulta imponente. Habitaciones de 7 a 8 pisos quedan reducidas a una montaña de escombros inferior a los 3 metros de altura, las placas de cemento se apilan como milhojas sin dejar un sólo espacio de vida entre ellas. Desesperada la gente salta de sus balcones para escapar a la muerte... que les espera en el pavimento. Los heridos agonizan sin ninguna asistencia que los ayude a salir de ese montón de ruinas. La refinería de Izmit escupe llamas e inunda sus alrededores con una nube tóxica. Como los auxilios continúan brillando por su ausencia y no se dispone de ninguna maquinaria adecuada, la población lucha, en la mayoría de los casos infructuosamente, por extraer a los sobrevivientes con sus propias manos. El Ejército turco, que desde hace más de 75 años, es presentado como el garante del Estado providencial y laico, permanece confinado en sus cuarteles y sólo interviene dos días más tarde. Se encontraba ocupado en enterrar a los pocosmilitares víctimas del sismo. Observemos, al pasar, que los edificios militares resistieron mucho mejor que las habitaciones obreras. La base de la NASA, instalada en esa región, ni siquiera se movió.

Cincuenta mil muertos, condiciones de rescate vergonzosas, desprecio evidente de los gobernantes... y poca, muy poca reacción proletaria. Apenas serán perseguidos unos pocos promotores inmobiliarios que la burguesía utiliza como chivos expiatorios. Una semana después del sismo, los equipos internacionales de rescate y las cámaras vuelven a sus países mientras que la burguesía en Turquía anuncia, muy discretamente, la fase número 2 de su plan de restablecimiento del orden: la limpieza. Los escombros son evacuados con bulldozers, para así despejar el terreno que servirá para realizar nuevas construcciones que permitirán la realización de nuevos beneficios. Algunos empresarios inmobiliarios irán más lejos todavía: hacen arrojar los escombros en las orillas del mar con el propósito de ganarle al mar futuros terrenos de construcción. Desde entonces, los alquileres alcanzan cifras astronómicas, algunos llegan a un mes de salario completo. Llegará el invierno con una gran parte de los damnificados sobreviviendo en parques, en carpas...; cuando llegan las primeras lluvias, dada la insuficiencia de carpas o la malísima calidad de las mismas, esos proletarios vivirán en el barro, en el agua.

Desde entonces, los medios de comunicación paran de criticar al gobierno y al ejército y todo el mundo se remanga la camisa para "reconstruir el país siniestrado". Los únicos responsables de esa decena de miles de muertos y de heridos, y ni hablar de las centenas de miles de desalojados, traumatizados, desposeídos, fueron finalmente encontrados por la policía: un puñado de empresarios constructores de esos edificios-cementerio son acusados. El espectáculo del proceso se anuncia como un gran momento de desahogo popular. Estos empresarios, tal vez, purgarán parte de su pena para permitir que el sistema en su conjunto continúe amontonando proletarios en edificios peligrosos.

El capital encuentra siempre algunos defensores y/o gestionarios que nos dirán que él no es responsable de las catástrofes, que ellas son naturales, o que "Dios las envió"... pero ¿al proletariado le basta con creerse en los dogmas del capital para salvarse? ¿Son una cuestión de creencia esos cadáveres, bien temporales, que provocan todas esas catástrofes naturales?

El capital es una catástrofe permanente para la humanidad, pero su sociedad de trabajo y de sumisión es transitoria. A todos los niveles de organización de esta sociedad, el beneficio se define como el objetivo de la actividad humana. Cada instante de la subvida mercantil, nos muestra, que el capital ya ha vivido demasiado y que al mismo tiempo ha concentrado en el seno de los explotados toda la inhumanidad de su sistema, ha concentrado también su propia negación revolucionaria, el proletariado, una negación violenta, que al afirmarse como clase afirma igualmente la negación de todas las clases y se prepara para engendrar otra organización de la producción y de la reproducción de la vida, dirigida hacia la satisfacción de las necesidades humanas.

Recomendamos y Extrajimos de:

nodo50.org/albesos/2n.php?sec=articulos&id=46&t=insurreccionalismo
gci-icg.org/spanish/comunismo45.htm#subrayamos_turquia
sindominio.net/ash/salvaje.htm

5 sep. 2009

¿Capitalismo Verde o Ecologismo Revolucionario?

Posteamos este texto realizado por unos colegas para una actividad que se realizó recientemente. Aclaramos que no estamos de acuerdo en su totalidad pero consideramos que es un muy buen texto introductorio a las temáticas que abarca de una forma marcadamente anticapitalista, cosa no fácil de observar al debatir sobre estas cuestiones. Las negritas son del texto original, e incluimos un link que tenía el texto en cuestión: Tierra Verde (En especial el libro "Encendiendo la llama del Ecologismo Revolucionario")

¿Capitalismo Verde o Ecologismo Revolucionario?

La primera limitación que encontramos al intentar despojarnos de la cultura que realza al ser humano como centro y patrón del medio que lo rodea, es la de establecer un comienzo para la especie misma. Esto proviene de que el hecho mismo de pretender darle un inicio a la especie, posee una importante carga religiosa: según estas teorías, necesariamente algún ente externo tendría que haberle dado su aparición en el mundo natural. Creemos que el evolucionismo nos ayuda a despojarnos de esta primera limitación, ya que hoy en día sabemos cómo las especies mutan a través de la historia y de qué manera sus genes van prevaleciendo constantemente, generación tras generación.

De la misma forma que consideramos fútil el darle un momento determinado a la aparición del primer humano, también lo sería el darle un principio a su transformación en un ser megalómano y destructivo respecto de su entorno. Es realmente improbable que las primeras personas en asentarse en un sitio pensaran que estaban tomando el camino hacia la guerra, o que tener más hijos significaría un constante y sostenido estado de crecimiento. Sería igual de quimérico pensar que las primeras poblaciones ampliamente dependientes del alimento almacenado se hayan dado cuenta de que esta situación, sostenida a través del tiempo, les llevaría a la creación de un poder coercitivo, que rompería el igualitarismo que los grupos de personas autónomas mantenían.

Es en este desarrollo histórico donde -paralelamente a la complejización de las relaciones de poder al seno mismo de su especie- el ser humano fue desarrollando una cosmovisión que lo situaría a sí mismo en el centro del mundo material, según la cuál la existencia humana y sus deseos son el punto central del universo: esta base filosófica es lo que llamamos antropocentrismo. Esta plataforma ideológica fue solventada, sin duda, por las nacientes estructuras de dominación: la cultura, la religión, el estado y el capital. Todas ellas sacaron rédito en determinada era histórica de este antropocentrismo: resulta fácil imaginar como, aún al más oprimido de los seres humanos, le resultaría satisfactorio no ser como alguno de esos seres inferiores, esos sucios animales.

Si este antropocentrismo es la base filosófica de un sistema de dominación, entonces una de sus aplicaciones prácticas en torno a la economía (entendiéndola como satisfacción de las necesidades) está dada por el especismo, una discriminación basada en la diferencia de especie animal, en analogía con el racismo o el sexismo, basados en diferencias físicas moralmente irrelevantes entre los humanos. La discriminación especista presupone que los intereses de un individuo son de menor importancia por el hecho de pertenecer a una especie animal determinada.

Diariamente las personas utilizan animales (vivos o muertos, pero nunca con su consentimiento) para satisfacer necesidades como las de alimentarse, vestirse, divertirse, etc. Es decir, priorizan valores hedonistas (“como carne porque me gusta”) o costumbristas (“siempre fue así”) por sobre la libertad de esos animales, ejerciendo autoritarismo al limitar el movimiento, o la vida misma de otras especies.

De la misma forma que no es necesario clavar cuchillas en el lomo de un toro en una corrida para divertirnos, tampoco necesitamos tomar leche de vaca para obtener calcio, ya que hay otras formas de adquirirlo sin necesidad de someter a otro animal a una dieta ni espacio arbitrario, impuesto autoritariamente por un ser a quien las instituciones lo colocan como superior.

Una vez que los seres humanos se han concientizado del especismo ejercido en nuestros actos, el veganismo surge como el primer intento de ponerle fin, es un intento de terminar con la incidencia del autoritarismo humano por sobre los animales no-humanos, es la herramienta cotidiana que utilizamos los antiespecistas, donde se trata de no superponer nuestros intereses (económicos y culturales) al interés de preservar la vida y disfrutar de ella que tiene el animal, reconociendo que éstos también tienen miedos, apetencias, carácter, sentimientos, gustos y deseos de disfrutar y decidir por sus vidas sin que ésta sea esclavizada en beneficio de un humano.

No obstante, esta herramienta, lejos de ser estática y finalizada en su desarrollo, se encuentra en constante proceso de refinamiento y adaptación al conjunto de prácticas antiautoritarias. Decimos que es una herramienta porque ataca sólo a una parte de las prácticas especistas, pero además porque las mismas tienen la característica de poder ser usadas incorrectamente. En el caso del veganismo conocemos de muchos vicios y desaciertos que se le atribuyen -no en forma premeditada, sino en su desarrollo histórico bajo la sociedad de clases- desde las esferas dominantes.

Como ha sucedido con todos los movimientos emancipatorios surgidos al calor de las revueltas de los 50’ y 60’ (ecologista, feminista moderno, gay, afroamericanos, desarme nuclear, etc.) el sistema logra reabsorber a las alas reformistas, así como suavizar a cierta parte del espectro restante de estos movimientos, logrando al mismo tiempo excluir al pensamiento más activo y radical, haciéndolo desaparecer por aislamiento.

En el proceso de asimilación del veganismo al interior del capital, éste reconoció su potencial económico en tanto que era permeable a ser convertido en mera ideología de consumo. Siendo publicitado como progresista, novedoso, espiritualmente ético, se crea un mercado en torno a esta práctica en gran parte gracias a las mismas organizaciones que más la publicitan (como por ejemplo PETA). En lugar de difundir un cambio profundo de nuestras capacidades y nuestro estilo de vida para modificar nuestro entorno de manera perdurable y sustentable, estas organizaciones se han centrando cada vez más en la distribución de alternativas veganas a los mismos usos y costumbres de siempre (McDonalds con menús veganos, maquillaje, sustancias que reemplazan al huevo), sin cuestionar el modo de producción capitalista y a la mercancía en sí.

Otra de las limitaciones prácticas del veganismo es cuando sus adherentes comienzan a ser víctimas de la enajenación propia de todo movimiento parcial, cuando en vez de someterlo a un análisis profundo y crítico de cómo se desarrolla en relación con otros movimientos emancipatorios, el/la veganx dogmatiza y eleva a su -ismo por sobre los demás, creyendo que es una herramienta acabada, no pudiendo de esta manera seguir realimentándose de la complejidad de las relaciones sociales humanas.

Ecologismo y veganismo son utilizados por el capital para revalorizarse a sí mismo. Desde hace varios años el “día de la tierra” se ha convertido en una oportunidad que tienen las corporaciones para “enverdecer” su imagen al hacer donaciones a organizaciones ambientalistas. Esto es un ejemplo de lo que entendemos por capitalismo verde, ecologismo suavizado, empaquetado, listo para ser consumido por personas a las que se les dirá que la solución será gradual, comenzando por la lamparita que utilizan para iluminar su hogar o por su forma de separar sus residuos.

En este marco los ecologistas hacen campañas para recibir donaciones, tácticas legislativas, pactos y debates organizados en los medios de comunicación de masas. Éste ecologismo superficial asume que el problema ecológico puede ser solucionado sin necesidad de que haya una transformación social y personal profunda, y que con varias series de pequeñas reformas será suficiente.

El capitalismo verde refuerza la popular creencia de que lo salvaje está siendo malgastado si los humanos no lo emplean. El ecologismo revolucionario en cambio reconoce el valor intrínseco de cada especie (y aquí no hablamos solamente de animales), tal como señala el ecologismo profundo. También se advierte que la relación de la humanidad con su entorno esta basada en relaciones jerárquicas y de poder. Las cuales, según la ecología social, deberían ser abolidas (junto con todas las instituciones que las reproducen) para relacionarse con los demás por fuera de una practica de dominación. Evidentemente esto seria incompatible en una forma de organización autoritaria.

Como mencionamos anteriormente, las relaciones sociales bajo el capitalismo tienen una metodología muy refinada para hacer fracasar a los movimientos emancipatorios, así que si pretendemos tener alguna oportunidad de vencerlo tendremos que superar el individualismo que pueda adquirir alguna de nuestras herramientas, transformándola en cambio en una construcción social, perdurable y revolucionaria, que siempre tenga como fin la destrucción de la totalidad de la opresión.

¡Ni paz social, ni libertad de góndola!

¡Liberación total, animal, humana y de la tierra!

19 jul. 2009

Crítica a las teorías de la conspiración


HAY ALGO MÁS ALLÁ DE NUESTRAS NARICES[1]

A lo largo de toda nuestra historia como explotados y oprimidos hemos querido liberarnos, conciente o inconcientemente, de esas relaciones capitalistas que nos hacen ajenos a nosotros mismos, esas mismas relaciones que imponen las necesidades de la economía a nuestras necesidades humanas. En este proyecto siempre ha existido el reformismo, vestido con diferentes trajes pero intacto en su interior, fiel a su esencia. Sus formas han variado, es verdad –partidos “oficiales” y “opositores”, sindicatos más o menos burocráticos, religiones conocidas o desconocidas, subculturas, ONGs- pero su contenido se mantiene ileso a lo largo del tiempo: ser la tendencia del capital para reciclarse y adaptarse a cada época, manteniendo en todo momento lo fundamental: el trabajo asalariado, la mercancía, el Estado, es decir toda dominación que nos convierte en esclavos. Su función específica es la de presentar alternativas a las formas ya obvias y clásicas de dominación, así como también a las “nuevas” e “innovadoras”, según su pobre análisis. El reformismo, en su metodología de atacar las consecuencias de un sistema -o aislar el problema para jamás encontrar una respuesta posible- ya no puede sorprendernos en sus ridículas respuestas. Así y todo, amparados en la ideología dominante, es un muerto que se sigue alimentando de sangre humana.

Ayer mismo, este partido de la reforma actuaba más o menos a cara descubierta, y de esta manera era más fácil identificar a un socialdemócrata o a un sindicalista con sus propuestas. En última instancia, si algún sector salía beneficiado económicamente con ciertas reformas era directamente éste, quedando rápidamente en evidencia. Los reformistas de hoy, en cambio, tienen cierta tendencia a actuar más escondidos, ya sea esta una expresión de su cinismo o de la dinámica dominante, y sus beneficios son difícilmente reconocibles a los ojos del ciudadano que no ve más allá de sus propias narices.

Para gran parte de la población, los políticos y opinólogos varios ya no son creíbles, porque se sabe que “se llenan los bolsillos” o “sólo actúan por el dinero y el poder”. El ciudadano no debe investigar demasiado, basta con que prenda su televisor o lea los diarios y revistas que se le ofrecen para ver imágenes de sus gobernantes y explotadores rodeados del lujo y el confort que a él se le niega. Así las cosas, aparecen estos nuevos altruistas que nos vienen a salvar sin pedir nada a cambio, otro nuevo movimiento que pretende la emancipación del ser humano: la cada vez más creciente formulación y aceptación de teorías conspirativas.

Según estas buenas gentes, las cosas no cambian para bien porque “quienes nos gobiernan son gente mala”, o porque “nosotros aún no somos lo suficientemente buenos para cambiarlas”. La modificación de la conciencia, totalmente separada de las condiciones materiales, bastaría para trasformar lo existente[2]. Para ellos, este mismo sistema, con su explotación e injusticias varias, podría engendrar la felicidad de la humanidad orientado convenientemente, de la misma manera que provoca su suicidio.

Estas teorías llevan a desviar la atención de las causas reales de los problemas. Las causas y responsabilidades de las crisis, guerras, etc. son percibidas como fruto de actividades de "hombres tras la cortina", "sociedades secretas", "lobbies ocultos", entre otros “misteriosos” sujetos. El tipo de mensaje que se da frecuentemente roza aquel del nazismo y fascismo clásicos: la conspiración masónica, los judíos, los illuminati, etc. son los culpables de las crisis, guerras y problemas del mundo. No se analiza que el problema real está en las relaciones económicas y de poder de nuestras sociedades, y en los mecanismos surgidos de ellas.

Estos señores nos harán sentir estafados por el Banco Mundial, pero no por el patrón que se devora nuestras vidas, extrayéndonos la plusvalía a diario. Nos harán sentir mal por las extremas injusticias del capitalismo, pero no podrán reconocer que esos no son momentos extraordinarios de las relaciones mercantiles, sino su misma esencia. Se asustan del montaje del 11 de Septiembre con las Torres Gemelas, mas no les asombra el asesinato diario de proletarios a manos de la policía o las cárceles atestadas de presos.

Una gran parte del origen de este problema podemos achacarlo a una crítica muy corta, simplista y cómoda al capitalismo y al poder. Es más fácil personalizar el funcionamiento del sistema en una serie de actores ocultos, que comprender como una economía tan compleja como la actual actúa, cómo son las estructuras económicas actuales y qué características tienen las estructuras de poder que se forman en el mundo. Algo que por un lado es más concreto, menos secreto, pero por otro lado es más complejo y sobre todo de una abstracción mayor. Esto obedece, claramente, a un aspecto fundamental de la sociedad “de la información”: se tiene la impresión de que hay tantas cosas por aprender y tan poco tiempo, que se aceptan y se buscan las maneras más sintéticas y básicas de obtener comprensión y conocimiento. Existe una presión, algo difusa, que empuja al individuo a querer saber un poco sobre cada asunto, a tener una visión general sobre cada disciplina, ya sea esta mecánica, política o espiritualidad. A cada una le corresponde una mercancía adaptada a la situación, ya sea en forma de best-sellers que parecen haber sido producidos por un software de combinación de frases trilladas, interminables colecciones de videos o reveladoras páginas web interesadas en cuestiones tan dispares como el fenómeno OVNI y las elecciones en Chipre: todo se consume vertiginosamente para poder pasar a la siguiente mercancía, como si de un parque de atracciones se tratara.

Pero la realidad es que vivimos en un sistema donde las personas que ocupan posiciones de decisión y gestión son perfectamente intercambiables en su mayoría, lo que hace que el real problema esté en el sistema en sí, y no en los "actores". El decir esto no es nada nuevo, como el decir que el capitalismo trae la guerra, el hambre y la crisis sin necesidad que nadie desde la sombra, desde grupos ocultos y ocultistas esté provocando estos hechos. Efectivamente, la crítica a las teorías conspirativas que hacemos corresponde al pensamiento clásico de cualquier tendencia revolucionaria que se precie como tal, que desde un principio se enfrentaban a la superstición y a la alienación que se esconden detrás de la conspiranoia/paranoia conspirativa.

Otro problema supone el que sectores reaccionarios diversos: nazis, islamistas, fundamentalistas protestantes, líderes populistas, etc. utilizan y difunden estas teorías de forma cada vez más convincente entre la población, haciendo de ellas un instrumento muy valioso para extender sus mensajes de odio: el antisemitismo, la islamofobia, nacionalismos radicales y excluyentes. En este momento, además, hay algo que juega a su favor: el desprestigio de la clase política, y sobre todo, el desprestigio de la prensa en muchos ámbitos.

Desde la reducción y personalización de la época del nazismo en Europa en “el loco” de Hitler a la justificación de la suba de precios en Argentina por la personalidad soberbia de la presidenta Cristina Fernández, o por el manejo desde las sombras de su marido y ex-presidente… Desde la personificación del imperialismo en el presidente yanqui de turno hasta la personalización de un período de dictadura cívico-militar en un represor o su cúpula más cercana: el aparato sigue intacto, la base de estas políticas económicas siguen intactas, incuestionables.

Este desprestigio se pronuncia en buscar nuevos canales para la protesta, cada vez más moderada: si antes nos desanimábamos con manifestaciones callejeras que parecían un rebaño de ovejas, hoy eso parece revolucionario en comparación con las protestas por Internet que se traducen en cadenas de e-mails, mensajes en foros, difusión de videos-documentales como “Zeigeist”[3], etc.

Así y todo, es sorprendente que a estos pseudomanifestantes aún les queden ganas de hacer esto, ya que la lejanía en la que sitúan al enemigo ya debería ser de por sí suficientemente desalentadora. Si la izquierda del sistema, aquí en América Latina, nos sitúa al enemigo en los distantes Estados Unidos, los conspiraniocos nos hablan de una o dos familias, grupos o sectas que se hallan escondidos en alguna parte del mundo, manejando desde allí las palancas de todos los países.

Nos presentan este sistema como inalterable, porque el problema parecen ser ciertas personas, mas no las relaciones miserables que engendra el capitalismo… Comprendemos que estas relaciones están personificadas por los burgueses (empresarios, políticos, directores de los mass media, etc), pero nuestra lucha no es esencialmente contra ciertas personas o grupos de personas, sino contra ciertas formas de relación social que ellos generan. Claramente, nos encontraremos con estas personas como obstáculos desde el momento en que queramos ponernos a actuar para ser verdaderamente libres, pero no comprender que se trata de personas y de relaciones sociales es no comprender la totalidad del asunto. Y, peor aún, ocultar las verdaderas causas de nuestras desgracias es seguir podando ramas sin atacar la raíz del problema.

No es la causa de la pobreza que estén conspirando para imponer una moneda única en Europa y Estados Unidos, las causas de la pobreza se encuentran en una sociedad de clases que, entre otras cosas, ha necesitado crear el dinero, el intercambio de valor, y busca sobrevivir a costa de lo que sea. No hace falta que como “ciudadanos libres” nos pongamos a luchar por combustibles alternativos al petróleo que genera guerras y degrada el medio ambiente. Primero porque no somos ni ciudadanos ni libres, somos explotados y oprimidos, y segundo porque los capitalistas ya estaban investigando de antes sobre combustibles alternativos para no detener la ruta de la mercancía.

La creencia en teorías conspirativas no sólo puede llevarnos a desarrollar puntos de vista reaccionarios y alejados de la realidad, sino incluso a servir de difusores para ideas de la extrema derecha. Por ejemplo, con respecto a las revueltas que comenzaron en Diciembre de 2008 por la región griega, en uno de estos sitios web donde su autor ve conspiraciones masónicas o illuminati por todas partes nos profetizaba:

“Hace meses, os advertí del peligro de que las lógicas protestas ante las ayudas a los bancos derivaran en disturbios, que han comenzado en Grecia tras el asesinato de un joven (comprobado por testimonios oculares, no fue una “bala perdida”). El asesinato ha sido el detonante perfecto para los disturbios que los Illuminati-Bilderberg de la Comisión Europea necesitaban mientras deciden como imponer su Constitución y las ayudas a los bancos, además de criminalizar la natural ira ante la estafa que sufrimos a sus manos. Estos disturbios artificialmente diseñados son la excusa perfecta para que muchas personas no se unan a las protestas y, así, dividir a la población. […] Si estos chicos pensaran, y supieran lo que venimos avisando desde hace años, sabrían que todas esas noticias, el crack económico y del dólar y, por supuesto, sus propias algaradas, son el pretexto buscado -y diseñado- para la supresión de la moneda “contante”, la instauración ÚNICA del dinero electrónico y, cómo no, del chip en nuestros propios cuerpos […]”

Estas estúpidas paranoias y mediocres reflexiones nos llevarían no sólo a la inacción, sino a perder de vista la potencia de nuestra clase en tanto que fuerza autónoma, destructiva y transformadora. ¿Cómo piensan estos señores que vamos a revertir las cosas? ¿Pacíficamente en nuestros computadores? ¿Votando al Partido Verde?

Resumiendo, las teorías conspirativas son un problema dentro de los movimientos sociales, y particularmente del movimiento libertario. Pero no son estas pseudo-teorías las que contaminan y desvían la praxis pretendidamente revolucionaria, sino que éstas encuentran terreno fértil en un conjunto de grupos e individuos sin una critica autónoma (de esto se trata también la autonomía, de no utilizar las posiciones de la clase dominante, por más camufladas que estén).

Claramente, esto es algo que debería ser discutido: el por qué reproducir estas quejas sin sentido, y cómo nuestras carencias en el análisis de la realidad social y económica nos impulsan a malgastar nuestras energías, nuestras luchas y nuestras vidas. Si queremos vencer al capitalismo y la dominación, debemos comprender la total complejidad de la sociedad. No podemos caer en creer que existen "los que detentan el poder" (los visibles y aquellos supuestos invisibles titiriteros) y "los engañados" (que vendríamos a ser el resto de la población mundial). Caer en el error de dar por supuesto que hay unos titiriteros que mueven toda la realidad, aparte de ser ingenuo y una simplificación, no hace más que distraer cualquier acto de resistencia y ataque real.


Comité de Herejías Varias

Invierno del 2009



[1] Inspirado en el texto Crítica a las teorías de la conspiración, aparecido en Noviembre de 2008 en el sitio web A las barricadas, firmado por Akelarre. Recomendamos dirigirse al artículo original para ampliar estas posiciones.

Link: www.alasbarricadas.org/noticias/?q=node/9142

[2] Aquí se nos aparece la “Ley de la atracción”, esa farsa que mueve millones (mediante best-sellers, videos, conferencias, etc.) nutriendo al mismo tiempo al conformismo y la pasividad que mueven más millones aún. Este “secreto” -según lo publicitan sus beneficiarios directos y los estúpidos embaucados- se trata de algo así como: “lo semejante atrae a lo semejante": "tú obtienes las cosas que piensas” porque “tus pensamientos determinan tu realidad". Bastaría con pensar “positivamente” para salir de la crisis según estos idiotas, argumentando que el pensamiento “negativo” de una sola persona puede arruinar su vida, y el pensamiento “negativo” de gran parte de los habitantes del globo arruinaría la realidad del mismo.

[3] Este video es verdaderamente el padre de la criatura conspiranoica con su método de análisis idealista donde no hay condiciones materiales y reales, todo se trata de “ciudadanos buenos” y “hombres-monstruo malos” que sólo tienen codicia y no son funcionales ni a la burguesía ni al sistema capitalista. Este video se distribuye gratuitamente, lo que usualmente es usado como argumento para justificar su veracidad, como si el hecho de no pagar por un producto lo absolviera inmediatamente de toda función ideologizante.

En el foro de de la web de Zeitgeist se mencionó el apoyo para las elecciones de las última presidencia de USA a Ron Paul, antes miembro del Partido Libertario y ahora miembro del Partido Republicano. Casualmente este político vino a formular respuestas a todas las inquietudes políticas que se plantean en la primer parte del documental: abolir la Reserva Federal, oponerse a la Unión de Estados del Norte y poner fin al Impuesto a los Ingresos. Si entramos en su lógica conspirativa, este candidato podría haber primero lanzado el video como una forma no convencional de publicidad para luego salir “casualmente” a hablar de lo mismo, o quizás brindó respuestas a preguntas emergentes de parte de la sociedad. Nos da lo mismo: el video sigue siendo una falsificación de las cuestiones sociales, y los políticos siguen representando y defendiendo los intereses de la clase dominante.

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Texto publicado por: Mariposas Del Caos

Descargar en formato .PDF: Link


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20 may. 2009

Programa elemental de la oficina de urbanismo unitario


1. NULIDAD DEL URBANISMO Y NULIDAD DEL ESPECTÁCULO
El urbanismo no existe: no es más que una "ideología" en el sentido de Marx. La arquitectura existe realmente, como la coca-cola: es una producción investida de ideología que satisface falsamente una falsa necesidad, pero es real. Mientras que el urbanismo es, como la ostentación publicitaria que rodea la coca-cola, pura ideología espectacular. El capitalismo moderno, que organiza la reducción de toda vida social a espectáculo, es incapaz de ofrecer otro espectáculo que el de nuestra alienación. Su sueño urbanístico es su maestro de obras.

2. LA PLANIFICACIÓN URBANA COMO CONDICIONAMIENTO Y FALSA PARTICIPACIÓN
El desarrollo del medio urbano es la educación capitalista del espacio. Representa la elección de una cierta materialización de lo posible, excluyendo las demás. Como la estética, cuyo movimiento de descomposición viene a continuar, puede considerarse como una rama bastante descuidada de la criminología. Sin embargo, lo que caracteriza al "urbanismo" con respecto a su plano simplemente arquitectónico es que exige el consentimiento de la población, la integración individual en la puesta en marcha de esta producción burocrática de condicionamiento.

Todo esto se impone mediante el chantaje de la utilidad. Se oculta que toda la importancia de esta utilidad está al servicio de la reedificación. El capitalismo moderno hace que renunciemos a toda crítica con el simple argumento de que "hace falta un techo", lo mismo que hace la televisión con el pretexto de que la información y la diversión son necesarias, llevándonos a descuidar la evidencia de que esa información, esa diversión, este hábitat no se han hecho para las personas, sino a pesar de ellas, contra ellas.

Toda planificación urbana se comprende únicamente como campo de publicidad-propaganda de una sociedad, es decir: como organización de la participación en algo en lo que es imposible participar.

3. LA CIRCULACIÓN, ESTADIO SUPREMO DE LA PLANIFICACIÓN URBANA
La circulación es la organización del aislamiento. Por ello constituye el problema dominante de las ciudades modernas. Es lo contrario del encuentro, la absorción de las energías disponibles para el encuentro o para cualquier tipo de participación. La participación que se ha hecho imposible se compensa en el espectáculo. El espectáculo se manifiesta en el hábitat y en el desplazamiento (standard de alojamiento y vehículos personales). Porque de hecho no se habita en un barrio de una ciudad, sino en el poder. Se habita en alguna parte de la jerarquía. En la cima de esta jerarquía, los rangos pueden medirse por el grado de circulación. El poder se materializa en la obligación de estar presente cotidianamente en lugares cada vez más numerosos (comidas de negocios) y cada vez más alejados unos de otros. Se puede caracterizar al alto dirigente como un hombre que llega a encontrarse en tres capitales diferentes en un solo día.

4. EL DISTANCIAMIENTO ANTE EL ESPECTÁCULO URBANO
La totalidad del espectáculo que tiende a integrar a la población se manifiesta tanto en la ordenación de las ciudades como en la red permanente de información. Es un marco sólido para proteger las condiciones de vida existentes. Nuestro primer trabajo consiste en dar a las personas la posibilidad de que dejen de identificarse con el entorno y los modelos de conducta, lo que resulta inseparable de la posibilidad de reconocerse libremente en algunas primeras zonas delimitadas para la actividad humana. La gente estará obligada todavía durante mucho tiempo a aceptar el período reificado de las ciudades. Pero la actitud con que lo aceptarán puede cambiar inmediatamente. Hay que fomentar la desconfianza hacia los jardines de infancia ventilados y coloreados que constituyen, tanto en el Este como en el Oeste, las nuevas ciudades dormitorio. Sólo el despertar planteará la cuestión de una construcción consciente del medio urbano.

5. UNA LIBERTAD INDIVISIBLE
El principal logro de la actual planificación de las ciudades es hacer olvidar la posibilidad de lo que llamamos urbanismo unitario, es decir, de la crítica viviente, alimentada por las tensiones de la vida cotidiana, de esta manipulación de las ciudades y de sus habitantes. Crítica viviente quiere decir establecimiento de las bases para una vida experimental: reunión de creadores de su propia vida en terrenos equipados para sus fines. Estas bases no podrían estar reservadas al "ocio" separado de la sociedad. Ninguna zona espacio-temporal es completamente separable. De hecho, siempre se da una presión de la sociedad global sobre los actuales "cupos" vacacionales. La presión se ejercerá en sentido inverso en las bases situacionistas, que funcionarán como cabezas de puente para una invasión de toda la vida cotidiana. El urbanismo unitario es lo contrario de la actividad especializada, y reconocer un campo urbanístico separado es reconocer ya toda la mentira urbanística y la mentira de toda la vida.

Lo que el urbanismo promete es la felicidad. El urbanismo será juzgado por tanto en función de esta promesa. La coordinación de los medios artísticos y científicos de denuncia debe llevar a una denuncia completa del condicionamiento existente.

6. EL DESEMBARCO
Todo el espacio está ocupado por el enemigo, que ha domesticado para su propio uso hasta sus reglas elementales (incluso la geometría). El auténtico urbanismo aparecerá cuando se cree en algunas zonas el vacío de esta ocupación. Lo que nosotros llamamos construcción comienza allí. Puede comprenderse con la ayuda del concepto de "agujero positivo" forjado por la física moderna. Materializar la libertad, es en primer lugar sustraer a un planeta domesticado algunas parcelas de su superficie.

7. LA LUZ DE LA DESVIACIÓN
El ejercicio elemental de la teoría del urbanismo unitario será la transcripción de toda la mentira teórica del urbanismo, desviada con fines de desalienación: tenemos que defendernos constantemente de la epopeya de los bardos del condicionamiento, invertir sus ritmos

8. CONDICIONES DE DIÁLOGO
Lo práctico es lo funcional. Únicamente la resolución de nuestro problema fundamental es práctica: la realización de nosotros mismos (nuestro desligamiento del sistema de aislamiento). Lo útil y lo utilitario es esto. Nada más. El resto no representa más que derivaciones mínimas de lo práctico, su mistificación.

9. MATERIA PRIMA Y TRANSFORMACIÓN
La destrucción situacionista del condicionamiento actual es al mismo tiempo la construcción de situaciones. Es la liberación de las energías inagotables contenidas en la vida cotidiana petrificada. La actual planificación de las ciudades, que se presenta como una geología de la mentira, dejará lugar con el urbanismo unitario a una técnica de defensa de las condiciones siempre amenazadas de la libertad cuando los individuos, que no existen aún como tales, construyan libremente su propia historia.

10. FIN DE LA PREHISTORIA DEL CONDICIONAMIENTO
No sostenemos que haya que volver a ninguna fase anterior al condicionamiento, sino ir más allá. Hemos inventado la arquitectura y el urbanismo que no pueden realizarse sin la revolución de la vida cotidiana, es decir sin la apropiación del condicionamiento por todos los hombres, su enriquecimiento indefinido, su realización.


Attila Kotanyi - Raoul Vaneigem, Internationale Situationniste 6, 1961

18 mar. 2009

Muerte a los imbéciles


“ ...de lo que se trata en realidad y para
el materialista práctico,
es decir, para el comunista, es de revolucionar
el mundo existente,

de atacar prácticamente y de hacer cambiar
las cosas
con que nos encontramos.”

K. Marx - F. Engels “La ideología alemana”

DE LO QUE SE TRATA

Es una pregunta complicada para el demócrata que mientras come tranquilamente se ve frente a acontecimientos y cosas que se suceden a un ritmo vertiginoso y caótico, un tumulto sin conexión aparente con indicaciones distorsionadas laberínticamente y un futuro que hay que alcanzar a través de la sumisión, el aburrimiento y la estupidez. Desde hace más de setenta años se perfila entre las masas de los países altamente industrializados la tendencia a abandonarse en manos de toda clase de especialistas en lugar de perseguir intereses racionales y, ante todo, el control de sus propias vidas. Por lo visto, las personas esperan que el mundo sin salida sea incendiado por una totalidad que son ellos mismos y sobre la cual nada pueden.

A pesar de que los distintos indicadores económicos, los resultados de la bolsa, los agentes financieros, los responsables políticos y hasta el vecino de la izquierda quieran negarlo, no nos cabe duda de que verdaderamente sobrevivimos en una sociedad desgraciada: las exigencias de felicidad son invariablemente defraudadas por la vida real hasta la muerte. ¿Qué es lo que queda de nuestros sueños? La barca del amor se rompe contra la vida cotidiana. En las gélidas aguas del cálculo egoísta la poesía se ve desmentida día tras día por eso que llaman vida.

Mientras las formas burguesas de existencia son conservadas con obstinación, su supuesto económico se ha derrumbado. La cantidad de bienes de consumo ha llegado a ser tan grande que ningun individuo tiene ya derecho a aferrarse al principio de su limitación; el trabajo es sólo un peaje que los poderosos nos obligan a pagar para vivir maldiciendo nuestra suerte. El mundo al que pertenecemos no propone sino la miseria. Un mundo que no puede ser amado hasta la muerte representa solamente el interés del beneficio y la obligación del trabajo, y de nada sirve estar vivo mientras estás trabajando. Las ventajas de la civilización quedan compensadas por la forma en que las personas se aprovechan de ellas; y se aprovechan de ellas para convertirse en los seres más viles que hayan podido existir.

El demócrata no está loco, quiere vivir hasta el último céntimo... ¿Qué es un demócrata? Un ser corrompido por la mediocridad y el miedo, que sólo se convierte en humano cuando le persigue la muerte, que sólo sabe expresar sus deseos primitivos de una forma primitiva cuando la muerte le tira de la manga; un imbécil. El demócrata no piensa, opina. Lo que debería ser abolido sigue existiendo con la complacencia general, y nosotros nos consumimos con ello. El hecho de soportar pasivamente las alienaciones y miserias convierte a las personas en poco interesantes. Si la rebeldía no es lo más fuerte que sienten no nos interesan. Aquí se están representando dramas, señores demócratas; nos encontramos en una situación homérica y ustedes preocupados por la ETA y el fútbol. Les vamos a revelar el secreto que sus amos tan celosamente les ocultan: ustedes ya se están pudriendo, y el incendio ya ha estallado.

Asociación Contra la Ignorancia

(Fragmento del texto incluído en
"Crítica de la Razón tonta", Asturias, 2002)

(Texto completo aquí)

3 feb. 2009

La Miseria: Publicacion Contra la Universidad


Las personas que integramos este blog editamos el año pasado esta publicación con el objetivo de luchar desde dentro de la universidad, no por reivindicaciones parciales y sectorizadas, sino por la erradicación de la misma y de todo el sistema de trabajo asalariado. Dicha publicación cuenta con 4 textos nuestros más un agregado de origén español sobre la cuestión de la profesionalización. Esperamos editar un segundo número de la misma alrededor de abril de este año siguiendo con la temática pero intentando extendernos sobre algunas facetas del movimiento estudiantil como son las cuestiones asamblearias, los grupos políticos que se encuentran en la misma y muchas otras cosas.

Descargar la publicación

10 ene. 2009

El obrerismo es obsoleto, pero la posición de los trabajadores sigue siendo pivotal



“Aboliremos los esclavos porque no podemos aguantar su mirada.”
Nietzsche


Luchar por la liberación no supone aplaudir los rasgos de lo oprimido. La más extrema injusticia de la opresión social es que es más probable que degrade a las víctimas que las ennoblezca.

Gran parte de la retórica de la izquierda tradicional procede de nociones obsoletas de la ética del trabajo: el burgués sería malo porque no realiza ningún trabajo productivo, mientras los honorables proletarios merecerían los frutos de su trabajo, etc. Como el trabajo ha llegado a ser cada vez más innecesario y dirigido hacia fines cada vez más absurdos, esta perspectiva ha perdido todo el sentido que pudiera haber tenido alguna vez. La cuestión no es alabar al proletariado, sino abolirlo.

La dominación de clase no ha desaparecido sólo porque un siglo de demagogia izquierdista haya conseguido que parte de la vieja terminología radical suene lo bastante sensiblera. Mientras hacía desaparecer progresivamente ciertos tipos de trabajo manual tradicional y abandonaba al desempleo permanente a sectores enteros de la población, el capitalismo moderno ha proletarizado a casi todos los demás. Oficinistas, técnicos, e incluso profesionales de clase media que antiguamente se ufanaban de su independencia (médicos, científicos, académicos) están cada vez más sujetos a la más cruda comercialización e incluso a una regimentación semejante al trabajo en cadena.

Menos de un 1% de la población mundial posee el 80% del territorio. E incluso en los supuestamente más igualitarios Estados Unidos, la disparidad económica es extrema y se hace constantemente más extrema. Hace veinte años el salario medio de un alto dirigente era 35 veces mayor que el salario medio del obrero de fabrica; hoy equivale a al menos 120 veces. Hace veinte años el 0,5% de los más ricos de la población americana poseía el 14% de la riqueza privada total; ahora poseen el 30% de la misma. Pero tales proporciones no dan la medida completa del poder de esta élite.
La “riqueza” de las clases media y baja se dedica casi enteramente a cubrir sus necesidades cotidianas, dejando poco o nada para invertir en cualquier plano significativo que dé poder social.

Un magnate que posea tan sólo el cinco o diez por ciento de una sociedad anónima podrá normalmente controlarla (debido a la apatía de la masa no organizada de pequeños accionistas), ejerciendo así tanto poder como si poseyera la corporación entera. Y hacen falta sólo unas cuantas corporaciones mayores (cuyas direcciones están estrechamente interrelacionadas una con otra y con las burocracias más altas del gobierno) para comprar, suprimir o marginalizar a competidores independientes más pequeños y controlar efectivamente a los políticos clave y a los medios.

El espectáculo omnipresente de la prosperidad de la clase media ha ocultado esta realidad, especialmente en los Estados Unidos donde, debido a su historia particular (y a pesar de la violencia de muchos de sus conflictos de clase del pasado), la gente es más ingenuamente inconsciente de las divisiones de clase que en cualquier otra parte del mundo.
La extensa variedad de etnias y la multitud de gradaciones intermedias complejas han amortiguado y oscurecido la distinción fundamental entre dominantes y dominados. Los americanos poseen suficientes mercancías para no tener que prestar atención al hecho de que otros posean la sociedad completa.

Excepto quienes están en lo más bajo, que no pueden evitar conocer mejor esto, asumen generalmente que la pobreza es culpa de los pobres, que cualquier persona emprendedora encontrará siempre muchas oportunidades, que si no puedes tener una vida satisfactoria en algún lugar puedes encontrar siempre un nuevo punto de partida en cualquier otro.

Hace un siglo, cuando la gente simplemente tenía que desplazarse más al oeste, esta creencia tenía algún fundamento; la persistencia del espectáculo nostálgico de la frontera oscurece el hecho de que las condiciones presentes son muy diferentes y que ya no tenemos ningún sitio donde ir.

Los situacionistas utilizaron a veces el término proletariado (o más precisamente, el nuevo proletariado) en un sentido amplio para referirse a “todos aquellos que no tienen poder sobre sus propias vidas y lo saben.”

Este uso puede ser poco riguroso, pero tiene el mérito de acentuar el hecho de que la sociedad está todavía dividida en clases, y que la división fundamental se da todavía entre unos cuantos que poseen y controlan todo y el resto que tiene poco o nada que cambiar más que su propio poder de trabajo. En algunos contextos puede ser preferible utilizar otros términos, como “el pueblo”; pero no cuando esto contribuye a mezclar indiscriminadamente explotadores con explotados.

No se trata de romantizar a los trabajadores asalariados que, no sorprendentemente, considerando que el espectáculo se diseña sobre todo para mantenerlos engañados, están con frecuencia entre los sectores más ignorantes y reaccionarios de la sociedad. Ni es cuestión de sopesar agravios diferentes para ver quién está más oprimido.

Toda forma de opresión debe ser contestada, y todos pueden contribuir a esta contestación — mujeres, jóvenes, desempleados, minorías, lumpen, bohemios, campesinos, clases medias, e incluso renegados de la élite dominante. Pero ninguno de estos grupos puede alcanzar una liberación definitiva sin abolir el fundamento material de todas estas opresiones: el sistema de producción de mercancías y el trabajo asalariado. Y esta liberación sólo puede alcanzarse mediante la auto-abolición colectiva de los trabajadores asalariados. Sólo ellos tienen capacidad no sólo para llevar directamente a detenerse a todo el sistema, sino también para poner de nuevo las cosas en marcha de un modo fundamentalmente nuevo.(6)

Ni se trata de reconocer a nadie privilegios especiales. Los trabajadores en los sectores esenciales (alimentación, transporte, comunicaciones, etc.) que han rechazado a sus jefes capitalistas y sindicales y han comenzado a autogestionar sus actividades no tendrán obviamente interés en defender el “privilegio” de hacer todo el trabajo; por el contrario, tendrán un vivo interés en invitar a los otros, sean no trabajadores o trabajadores de sectores obsoletos (justicia, ejército, comercio, publicidad, etc.), a unirse a su proyecto para reducirlo y transformarlo. Cualquiera que tome parte cooperará en la toma de decisiones; sólo quedarán excluidos quienes permanezcan a un lado reclamando privilegios especiales.

El sindicalismo y el consejismo tradicionales se han inclinado excesivamente a tomar la división del trabajo existente como dada, como si la vida de la gente en una sociedad postrevolucionaria continuase girando alrededor de trabajos y lugares de trabajo fijos. Incluso dentro de la sociedad presente tal perspectiva se está haciendo cada vez más obsoleta: como la mayoría de la gente tiene trabajos absurdos y con frecuencia sólo temporales, sin identificarse de ninguna forma con ellos, y muchos otros no trabajan en absoluto en el mercado asalariado, los temas relativos al trabajo se convierten simplemente en un aspecto de una lucha más general.

Al principio de un movimiento puede convenir que los trabajadores se identifiquen como tales. (“Nosotros, trabajadores de tal o cual compañía, hemos ocupado nuestro lugar de trabajo con tales o cuales objetivos; urgimos a los trabajadores de otros sectores a hacer lo mismo.”) La meta última, sin embargo, no es la autogestión de las empresas existentes.

Pretender, digamos, que los trabajadores de los medios deban tener control sobre estos sólo porque trabajan allí casualmente sería casi tan arbitrario como el control actual por parte de cualquiera que los posee casualmente.

La gestión de los trabajadores de las condiciones particulares de su trabajo deberá combinarse con la gestión por parte de la comunidad de los asuntos de incumbencia general. Amas de casa y otros que trabajan en condiciones relativamente separadas tendrán que desarrollar sus propias formas de organización que les capaciten para expresar sus intereses particulares.

Pero los conflictos potenciales de intereses entre “productores” y “consumidores” se superarán rápidamente cuando todos lleguen a estar directamente involucrados en ambos aspectos; cuando los consejos de trabajadores se interrelacionen con los consejos de comunidad y de barrio; y cuando las posiciones de trabajo fijas se apaguen gradualmente mediante la obsolescencia de la mayoría de los trabajos y la reorganización y rotación de aquellos que se mantengan (incluidos los trabajos del hogar y el cuidado de los niños).

Los situacionistas estuvieron verdaderamente en lo cierto al luchar por la formación de los consejos obreros durante las ocupaciones de fábricas de mayo de 1968. Pero debería anotarse que tales ocupaciones se pusieron en movimiento mediante acciones de la juventud en gran medida no trabajadora.
Los situacionistas posteriores a mayo del 68 tendieron a caer en una especie de obrerismo (aunque con una ética resolutivamente anti-obrerista), contemplando la proliferación de huelgas salvajes como el mejor indicador de las posibilidades revolucionarias mientras dedicaban menos atención a desarrollos sobre otros terrenos.

En realidad sucede frecuentemente que los obreros que son poco radicales a otros respectos son forzados a unirse a las luchas salvajes debido tan sólo a la descarada traición de sus sindicatos; y por otra parte, se puede resistir al sistema de muchas otras formas además de las huelgas (incluyendo en primer lugar evitar el trabajo asalariado en la medida en que sea posible).

Los situacionistas reconocieron correctamente la autogestión colectiva y la “subjetividad radical” del individuo como aspectos complementarios e igualmente esenciales del proyecto revolucionario, pero sin conseguir completamente llegar a unirlas.

4 ene. 2009

Obrerismo



El obrerismo es una forma de ideología capitalista, endémica entre los autodefinidos revolucionarios. Es una ideología que fomenta la aceptación de la relación labor-sueldo entre individuos que se han dado cuenta de la explotación que ésta conlleva. Es por lo tanto una de las más elevadas formas de alienación.

La veneración por el obrero se encuentra en varias ideologías estatistas, como el estalinismo y el nazismo. Los trabajadores son honrados por su rol de constructores de la nación, el estado y el capital. El obrerismo venera el trabajo manual, el “trabajo con martillos”. Su visión del proletariado es el “hombre musculoso”. Mediante el rechazo del trabajo comercial y de oficinas, rechaza a una gran parte de trabajadoras asalariadas, revelándose a si mismo como sexista.

El obrerismo ha estado presente en el movimiento obrero desde el principio. Las primeras sociedades obreras, de inspiración cristiana, veneraban la honradez y el trabajo. Este moralismo linda con el obrerismo, el bastión remanente de la ideología cristiana en el movimiento obrero.

Los más fuertes proponentes del obrerismo no son los obreros manuales (que generalmente no tienen otra chance para subsistir), sino que son los ex-marginales que tomaron una decisión moral de convertirse en obreros manuales “revolucionarios”. Su avocación del obrerismo es una compensación por su falta de seguridad sobre su status de clase y una condena hacia los proletarios que se proponen opciones distintas.

En el plano teórico, el obrerismo ve a la revolución realizándose como fruto de una escalada de las luchas obreras diarias en el capitalismo. La historia revolucionaria contradice esta teoría una y otra vez. Las revoluciones francesas y rusas fueron formadas por contextos bélicos y de resistencia a la monarquía, las portuguesas y alemanas por motines, el mayo francés por una lucha estudiantil.

El Obrerismo lidia con el fracaso histórico de su teoría no mediante la corrección de su teoría sino mediante la falsificación histórica, en cada caso el rol jugado por los no-obreros es denegado o minimizado. La teoría revolucionaria en cambio analiza los eventos reales para luego entender los momentos de debilidad en el capitalismo.

Los obreros productivos, según los obreristas, mantienen una posición crucial debido a que puede, dejando de trabajar, destruir al capitalismo. En realidad la importancia de éstos está sobrevaluada, debido a que la producción es solo una parte del ciclo acumulativo del valor. Los trabajadores de las ramas de la comunicación y distribución son también una fuerza poderosa. Una huelga de trabajadores bancarios puede tener un mayor efecto para el capital que una de obreros automotrices, a su vez, una ola de disturbios urbanos puede tener más efecto que ambas juntas.

La búsqueda de facciones cruciales dentro del proletariado, cuya lucha se vea privilegiada, revela la perspectiva jerárquica que mantiene el obrerista. Surge de la visión de que el comunismo es un programa ya encuadrado que sólo necesita de tropas para ser llevado a cabo. Esto refleja la resaca del antiguo socialismo de la 2da y 3ra internacional en sus facetas socialdemócratas, leninistas o sindicalistas.

Esta teoría ve a la lucha de clases como una guerra (burguesa) con soldados y generales. El revolucionario profesional determina el programa y los obreros lo ponen en práctica.

El obrerismo y el intelectualismo son opuestos pero no se contraponen, se complementan el uno al otro, el pensamiento y la acción están separados, los trabajadores deben poner las ideas de los teóricos en práctica. Los obreristas a menudo tienen su propia crítica de los intelectuales y no para el mismo obrerista. Los obreros deben superar a los intelectuales pero no al obrerista que pretende ser distinto de un pensador especializado. El obrerismo mantiene la división acción/pensamiento y el de de facto privilegio del pensamiento, inherente al capitalismo.

El sujeto revolucionario no son los trabajadores productivos, ni siquiera los obreros, es el proletariado, aquellos sin poder social o capital económico, que no tienen nada excepto sus cadenas para perder. Además, los estratos no-proletarios pueden jugar un rol totalmente activo en un contexto revolucionario si el proletariado mismo está en actividad.

La meta del movimiento comunista, entonces, no es la de lograr el estado de los trabajadores: es la abolición de todas las clases sociales para lograr la comunidad humana, creada mediante la lucha anticapitalista.

Extraido y Traducido de Wildcat

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