14 de ene. de 2010

En contra de la democracia


El propósito de esta charla es el de convencerlos de que es necesario que los revolucionarios se opongan a la democracia, en todas sus formas. Antes de ir más lejos quiero desechar el argumento que discute el uso de este término. Mucha gente estará de acuerdo con lo que planteo (o al menos eso creerá) e igual dirá que yo hablo de la democracia burguesa, y que ellos por democracia se refieren a algo totalmente diferente. Quiero sugerir que cuando la gente habla de democracia “real” o “proletaria” de hecho quiere decir lo mismo que los burgueses cuando hablan de democracia, a pesar de ciertas diferencias superficiales. El hecho de que ellos hayan elegido el término lo hace es más significante todavía. Por esto es importante decir “¡Muerte a la democracia!”.

Siguiendo con las analogías, una menos oscura sería la de la palabra “desarrollo”. Los izquierdistas tercermundistas suelen decir que están a favor del desarrollo. Cuando se les pregunta si no es eso lo que el FMI quiere, ellos responden que lo que quieren es un “desarrollo real”. Si se les habla un poco más uno descubre que de hecho quieren lo mismo que el FMI…sólo que el FMI tiene una manera más realista de entender el término.

Mi conclusión es que por más que alguien afirme estar en contra de la propiedad (como los leninistas, trotskistas y estalinistas) o en contra del estado (como los anarquistas), si estás a favor de la democracia también estás a favor de la propiedad y el estado.

¿Qué es la democracia?

En términos generales, la democracia es la regla de la igualdad y los derechos. Es muy fácil entenderla como capitalista: los “derechos” implican la existencia de individuos atomizados compitiendo entre ellos, además de una forma estatal o cuasi-estatal que los garantice; la “igualdad” implica la existencia de una sociedad en que la gente tiene un valor igual, o sea, una sociedad basada en el trabajo abstracto. La democracia es a menudo definida como la Regla del Pueblo, entendiendo al pueblo como una masa atomizada con derechos.

A un nivel muy abstracto se puede decir que el capitalismo siempre es democrático, que la democracia expresa la esencia del capital y que la igualdad es sólo una expresión de la equivalencia de comodidades.

Marx hizo el comentario abusivo definitivo cuando describió a la democracia como “cristiana”:

“La democracia política es cristiana en cuanto en ella el hombre, no sólo un hombre, sino todo hombre, vale como ser soberano, como ser supremo, pero el hombre en su manifestación no cultivada y no social, el hombre en su existencia fortuita, el hombre tal y como anda y se yergue, el hombre tal y como se halla corrompido por toda la organización de nuestra sociedad, perdido a sí mismo, enajenado, entregado al imperio de relaciones y elementos inhumanos; en una palabra, el hombre que aún no es un ser genérico real. La imagen fantástica, el sueño, el postulado del cristianismo, la soberanía del hombre, pero como un ser extraño, distinto del hombre real, es, en la democracia, realidad sensible, presente, máxima secular.”

Marx, Karl. Sobre la cuestión judía.

¿Cuáles son las consecuencias prácticas de esto? Las formas más comunes en que la contra-revolución democrática se expresa en la lucha de clases es cuando se mueve alrededor de las cuestiones de poder de clase, y la organización de ese mismo poder.

Con “poder de clase” hablo del reconocimiento de que estamos en una lucha de clases y que para lograr avances y ganarla definitivamente debemos aplastar y exterminar a nuestros enemigos, implicando, obviamente, el uso del poder despótico. ¡No podemos respetar los derechos de un policía si le estamos partiendo la cabeza con un palo! ¡Si el líder de un sindicato trata de dirigir una reunión y le respondemos gritando hasta callarlo o arrastrándolo fuera del escenario y cagándolo a patadas, es absurdo decir que creemos en la libertad de expresión!. “La revolución no será televisada”, ¡ni monitoreada por la Amnistía Internacional!. De la misma manera en que no le concedemos derechos a nuestros enemigos, tampoco queremos derechos de su parte. Este es un tema complicado porque, en práctica, a menudo es difícil distinguir entre el hecho de demandar algo y el de demandar el derecho a algo. No voy a lidiar con cada aspecto de esta cuestión, sólo voy a hacer algunas aclaraciones tomando el “derecho a huelga” como ejemplo. En general, como dijo Hegel, “por cada derecho hay un deber”. Entonces, por ej., tenemos el derecho a viajar en colectivo y el deber de pagar por un boleto. El “derecho a huelga” implica que los trabajadores tienen permitido abandonar pacíficamente su labor a cambio del respeto por el orden público y generalmente el no hacer nada para que la huelga sea efectiva. ¿Qué otra cosa puede significar? Después de todo, un derecho es algo garantizado por ley: no es muy fácil pedirle a un policía que te proteja mientras estás quemando un camión de basura.

Creo que, en general, demandar por derechos es una expresión de la debilidad de nuestra clase. En lugar de decirle a nuestro enemigo que si nos pone un dedo encima le rompemos la cabeza, o romperle la cabeza directamente, solemos decirle que por favor respete nuestros derechos, que no tenemos la intención de hacerle daño. Es claro que nuestra clase está en una posición débil y no hay respuestas mágicas para esto, pero creo que un importante paso que podemos dar es el de reconocer que los bonachones de la clase media que hacen campañas por derechos no están de nuestro lado, aún cuando algunos de ellos sean simpáticos abogados izquierdistas que nos saquen de la cárcel…

Posiblemente lo que dije hasta ahora no sea tan controversial, refiriéndose más que nada a la exclusión de ciertas categorías de gente. Dicha acción de excluir a cierta gente de la democracia es perfectamente compatible con la acción de ser un demócrata. Es increíble la cantidad de liberales que dicen soportar incondicionalmente la libertad de expresión y después cambian de opinión cuando alguien les pregunta si eso que dicen también aplica a los fascistas.
Más controversialmente, quiero hablar acerca de la idea de democracia “dentro de nuestros límites”, es decir, entre proletarios en lucha. El argumento de “democracia de los trabajadores” generalmente rechaza el tener relaciones democráticas con la burguesía pero pregona por que reine la igualdad y el respeto a los derechos entre proletarios. Esto es visto generalmente como una manera de evitar la burocratización y dominación por parte de pequeñas facciones y de asegurarse que la mayor cantidad de gente posible esté involucrada en una determinada lucha. La idea es que si la gente tiene concebido el derecho a expresarse, votar, etc., entonces puede ir a una reunión y sentirse parte de esta colectividad democrática.

¿Qué significa en la práctica la democratización de una lucha? Significa cosas como:

1. Mayoritarismo: nada puede concretarse a menos que lo decida la mayoría.

2. División entre toma de decisiones y acción: nada puede concretarse hasta que todos puedan discutirlo. Esto puede verse como análogo a la separación entre los poderes ejecutivo y legislativo. ¡No es por coincidencia que las discusiones entre miembros de organizaciones democráticas se asemejen a debates parlamentarios!

3. Afirmación del “no se puede confiar en nadie”: las estructuras democráticas dan el “todos contra todos” por sentado y lo institucionalizan. Los delegados tienen que ser revocables para que no se dediquen demasiado a sus agendas personales que, claro está, todos llevan.

Todos estos principios promueven la atomización social. El mayoritarianismo porque todos son iguales y usualmente poseen un solo voto. La división entre toma de decisiones y acción porque es lo más justo consultar al resto antes de actuar, de otra manera estarías violando sus derechos. Un ejemplo particularmente odioso del tercer punto (“no se puede confiar en nadie”) es el de la demanda por un Derecho de Facción, impulsada por los troskos. Generalmente piden esto cuando otra agrupación trata de echarlos de algún lado. A lo que este derecho apunta es a la libertad de conspirar contra los miembros de lo que es supuestamente otra organización de la clase trabajadora. Obviamente, ninguna organización comunista genuina podría siquiera asimilar la idea de estos derechos.

Estos principios democráticos sólo pueden plantearse en completa oposición a la lucha de clases ya que, por definición, la lucha de clases implica una ruptura con la atomización social y la formación de algún tipo de comunidad, a pesar de lo limitado, pasajero o vago que esto sea.

Probablemente sea el punto dos el más importante, por eso es necesario desarrollarlo. Las acciones importantes en la lucha de clases casi nunca comienzan en un voto o una consulta general, sino que suelen ser acciones realizadas por una minoría determinada a romper con la pasividad y el aislamiento de la mayoría de los proletarios a su alrededor, que luego intenta difundir sus acciones a través del ejemplo antes que distintos argumentos. En otras palabras, el principio de división entre toma de decisiones y acción siempre es violado en la práctica. A pesar de esto, cuando una acción “violenta” se genera, llueven quejas sin distinción de grupos de derecha e izquierda, culpando a facciones de activistas que no representan a nadie más que a ellos mismos...y, por supuesto, ¡tienen toda la razón del mundo!

La huelga de mineros de 1984-85 en el Reino Unido generó varios ejemplos de cómo la lucha de clases es anti-democrática en la práctica. La huelga en sí no comenzó democráticamente, no hubo ni votaciones ni reuniones en masa por parte de los trabajadores. Comenzó con el abandono de las tareas en algunas de las minas que serían clausuradas y luego se manifestó en forma de piquetes. Durante la huelga se produjo una triste alianza entre el ala derecha del Labour Party (Partido Laborista) y el RCP (Partido Comunista Revolucionario) con el fin de que los trabajadores puedan votar las medidas de fuerza. Los mineros más militantes rechazaron esta propuesta argumentando que los carneros no tenían el derecho de votar el destino del trabajo de nadie, que suena como una oración democrática pero en el fondo estamos de acuerdo en que la actitud no lo es. En varias ocasiones los miembros del RCP fueron agredidos y tildados de conservadores por su apoyo a la votación.

También hubo numerosos ejemplos de sabotaje y destrucción de las propiedades de la Coal Board (Junta del Carbón), usualmente organizados por “grupos de choque” semi-clandestinos. Es más que obvio que estas actividades, por su propia naturaleza, no pueden ser organizadas de forma democrática, aún si son aprobadas por la mayoría de los huelguistas.

Comunidad de lucha

Un concepto que he utilizado anteriormente, y al cual me siento particularmente atraído, es el de “comunidad de lucha”. Obviamente, una pregunta que me harán es que si una comunidad de lucha no actúa de forma democrática, ¿cuál es la forma de su accionar? No hay una respuesta simple a esto, excepto decir que la base de acción sería la confianza y solidaridad entre las personas involucradas en lugar de su supuesta igualdad o sus derechos. Por ejemplo, si queremos mandar a alguien como emisario para difundir la naturaleza de la lucha, no insistiríamos en que ese alguien sea votado por el 51% de los reunidos o que lleve consigo un teléfono celular así podemos comunicarnos con el y reemplazarlo por alguien más. Insistiríamos en que sea honesto y de confianza, ¡porque un camarada honesto vale más que mil delegados revocables! Por supuesto que esta confianza estaría basada en un análisis político de la persona, no mandaríamos a un miembro del Partido Laborista porque sus visiones políticas lo llevarían automáticamente a actuar en contra de los intereses de la clase trabajadora.

Sociedad comunista

Finalmente, quisiera decir algunas palabras acerca de las connotaciones de estos puntos en la formación de una futura sociedad comunista:

La idea de una revolución comunista identificada como una vasta reorganización democrática de la sociedad es muy fuerte, aún dentro de las tendencias políticas que creeríamos tienen algún nivel de potabilidad. Los comunistas consejistas (como Pannekoek) literalmente veían a los consejos de trabajadores como parlamentos de la clase proletaria. Hasta los situacionistas tuvieron serias contradicciones acerca de la democracia, hablando de una “democracia directa” entre otras cosas. Si uno lee “Enragés y situacionistas en el movimiento de las ocupaciones” los encuentra haciendo varias alegatos acerca de cómo sus acciones expresaban la voluntad de la Asamblea de Sorbona cuando es obvio que ellos estaban rompiendo constantemente con las decisiones de ésta o simplemente pidiéndole que le ponga su firma a sus acciones.

En general, no es una coincidencia que la gente que boga por la democracia también lo haga por la autogestión, o sea, la apropiación de espacios de esta sociedad para poder manejarlos independientemente. La conexión es simple: el comunismo se trata de transformar relaciones sociales, no sólo de cambiar el régimen político, que es lo que quieren hacer los demócratas. En el caso de los comunistas consejistas, es fácil darse cuenta de que todo lo que discutían rondaba en torno a la autogestión, mientras que los situacionistas no podían desprenderse de sus orígenes autogestionados.

Otro ejemplo de este tipo de problemas podría ser el concepto de “planeamiento”, al que mucha gente se siente atraída. Para mí, el “planeamiento” implica que todos nos juntemos y decidamos qué vamos a estar haciendo los próximos 5 años y entonces nos separemos y comencemos a hacerlo. Esto me suena como otro ejemplo del fetichismo por el momento de la toma de decisiones. Así que, como comunistas, o sea, enemigos de la democracia, creo que deberíamos sospechar mucho de este concepto. Como opositores a la social democracia necesitamos rechazar la democracia con la misma fuerza con la que rechazamos al socialismo en sí.

Realizado por Wildcat
Traducido al español por miembros de Iniciativa de Agitación Comunista

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