21 jul 2007

Individualismo y egoísmo: visiones infantilistas de la lucha

“Para mí, la creación del mundo data del día de mi nacimiento...
Yo soy el primer hombre, yo seré el último.
Mi historia es el resumen de la historia de la humanidad.”
Bellegarrigue

La visión centrada en el individualismo directamente niega la historia, haciendo imposible un análisis adecuado de las causas de la opresión y la explotación. ¿Cómo es posible cualquier entendimiento cuando la única medida de la vida social es la propia experiencia personal y el propio interés? ¿Qué clase de socialismo se puede plantear desde una base moral que subordina el interés colectivo al interés personal? No difiere mucho de la moral del liberalismo capitalista, cuando se afirma que “yo me encierro en el ciclo de mi existencia y el único problema que tengo que resolver es el de mi bienestar. No tengo más que una doctrina, esta doctrina no tiene sino una fórmula, esta fórmula no tiene más que una palabra: GOZAR.”

Aquello que no me proporcione placer no es de mi interés, aquello que me dañe es mi enemigo. Sin embargo, el individualismo crudo impide afirmar que el dogma individualista es el único dogma fraterno. Semejante incoherencia demuestra la inconsistencia del pensamiento individualista: si todos son egoístas y aceptan el egoísmo de los demás, nadie puede mandar ni obedecer. En primer lugar, es imposible que desde una base egoísta desaparezcan los conflictos de intereses, más bien se incrementarán. En éste caso, ¿quién es más egoísta, aquel que cede en nombre del egoísmo o el que triunfa en nombre del egoísmo?

En segundo término, como sostiene Kropotkin, la distinción entre el egoísmo y el altruismo es absurda, ya que “si esa oposición existiera en realidad, si el bien del individuo fuera verdaderamente opuesto al de la sociedad, la especie humana no existiría; ningún animal habría podido alcanzar su actual desarrollo… Y … que si los dos no hubieran sido siempre idénticos, no hubiera podido cumplirse la evolución misma del reino animal.” El error de Bellegarrigue consiste en confundir el interés colectivo con el interés de la clase dominante y gobernante. Que el Estado y la burguesía impongan su interés y le coloquen el traje de la voluntad general para hacerlo aceptable para las masas, no nos permite llegar a la conclusión de que el interés colectivo contiene a explotados y explotadores. El interés individual sólo podrá desarrollarse plenamente, cuando la sociedad sea libre; todo lo contrario a lo que se sostiene desde la exaltación del egoísmo, que supone que lo que es bueno para el individuo es bueno para la sociedad. El discurso neoliberal y posmoderno rescataría en este punto la postura del individualismo egoísta.


Se postula mediante la práctica y la teoría individualista que "Las masas dóciles e inocentes de las brutalidades que se cometen en su nombre y perjuicio, necesitan ser esclarecidas para terminar con la tiranía “sólo que, no distinguiendo bien las causas, no saben cómo actuar. Yo estoy intentando esclarecerlas sobre uno u otro punto.” Es en este pasaje donde la radicalidad de los pensamientos se disuelve en la ingenuidad de la propuesta. La acción de los individuos esclarecidos que llevan un nuevo evangelio a las masas embrutecidas, que una vez iluminadas volverán las espaldas a sus tiranos. Este tipo de propuestas se agotan en los actos de rebeldía individuales o en la desobediencia civil, sin inquietar al sistema, sin corroer sus bases y sin conformar un movimiento organizado para la lucha social. Si todos los gobiernos son “necesariamente una causa de antagonismo, de discordia, de asesinato y de ruina”, frente a semejante leviatán no se puede pretender derrotarlos desde una postura rayana con la candidez.

18 jul 2007

Sobre el bien y el mal

Extraído de "Individualismo anarquista y camaradería amorosa", de Emile Armand.

Para comprender la evolución de la moral gregaria, es indispensable recordar que “bien” es sinónimo de “permitido” y “mal” sinónimo de “prohibido”. Alguien -cuenta la Biblia- “hizo lo que está mal a los ojos del eterno”, frase que se repite en varios pasajes de los libros sagrados de los hebreos, que son también los de los cristianos. Pero es necesario traducirlo mejor: alguien hizo algo que estaba prohibido por la ley religiosa y moral, establecida por interés de la teocracia israelita... En todos los tiempos y en todas las grandes agrupaciones humanas se llamó siempre “mal” al conjunto de los actos condenados por la convención, escrita o no, que varía según las épocas y las latitudes.

Así es que está mal adueñarse de la propiedad de aquel que posee más de lo que necesita para vivir bien, está mal mofarse de la idea de Dios o de sus sacerdotes, está mal negar a la patria, está mal tener relaciones sexuales con parientes cercanos. Y como la prohibición no basta, la convención oral se cristaliza en ley, cuya función es reprimir.

Reconozco que la aparición de una diferencia entre el bien y el mal -lo permitido y lo prohibido- marca una etapa en el desarrollo de la inteligencia de las colectividades. Al principio, esta diferencia era social: el individuo no tenía suficientes posesiones hereditarias ni bastante experiencia mental como para evitar someterse a las adquisiciones y a cierta experiencia grupal.

Es comprensible que el bien y el mal estuvieran empapados de connotaciones religiosas. Durante todo el período pre-científico, la religión fue para nuestros antepasados lo que para nosotros es la ciencia. Los hombres más sabios de entonces concebían sólo una explicación sobrenatural de los fenómenos que no comprendían. El hábito religioso precedió naturalmente al hábito civil.

Por cuanto pueda sorprender, a posteriori, vivir en la ignorancia del bien y el mal convencional es, en el primitivo, un indicio de inteligencia. No es porque él está más cerca de la naturaleza que ignora lo permitido y lo prohibido -y mucho menos porque es un inmoral- sino simplemente porque no razona.

Al contrario, el hombre contemporáneo que se pone individualmente al margen del bien y el mal, que se ubica conscientemente más allá de lo permitido y lo prohibido, alcanza un estadio superior en la evolución de la personalidad humana. El ha estudiado la esencia de la concepción del bien y el mal social; se ha preguntado qué queda de lo permitido y lo prohibido una vez que se descubre su apariencia. Si él prefiere tener como guía el instinto antes que la razón, eso ocurre después de hacer comparaciones y reflexiones cuidadosas. Si cede el paso al razonamiento en confrontación con el sentimiento, o al sentimiento opuesto al razonamiento, lo hace deliberadamente, después de haber tanteado su temperamento. El se separa del rebaño tradicional porque considera que la tradición y el convencionalismo son obstáculos para su expansión. En otras palabras, él es a-moral luego de haberse preguntado lo que vale la “moral” para el hombre. Hay una buena distancia entre este marginal de la moral y el primitivo, a duras penas huido de la animalidad, de cerebro todavía obtuso, incapaz de oponer su determinismo personal al determinismo aplastante del ambiente.

17 jul 2007

Destruyamos el trabajo, pero mientras...

"Un moviemiento obrero (...) que asiente todo su accionar
en una verdadera democracia de bases, recuperando para los trabajadores
la ASAMBLEA como órgano de conducción y el concepto de
REPRESENTANTE en lugar del de dirigente"-
José Ernesto Schulman

La Toma es un documental realizado en 2004, que relata las luchas de sectores obreros argentinos por la recuperación y autogestión de sus lugares de trabajo, mediante la ocupación de los mismos, a través de un órgano participativo de caracter asambleísta.
Dejamos el link para descargar o mirarlo, como gusten.

26 jun 2007

La verdad es que no somos libres porque tenemos miedo.


En todo aspecto de la vida hay dos opciones:
o se es libre y por lo tanto sincero con uno mismo
o se busca la comodidad y el autoengaño.

Solamente eligiendo lo primero se vive, eligiendo lo segundo, se dura.

La libertad no existe en esta sociedad. Solemos identificar la libertad con la capacidad de movimiento o de trabajar para quien se quiera o decir lo que queramos. Pero eso no es la libertad. La libertad es la capacidad de actuar conforme a nuestras necesidades y deseos. No las necesidades y deseos que nos quieren imponer desde la cultura y los medios de comunicación masiva, sino las necesidades y los deseos reales, aquellos determinados conscientemente por nosotros mismos, aquellos que nos definen como seres humanos.

. Una sociedad donde obligatoriamente tenés que trabajar para conseguir tus medios de vida no es libre, porque te obliga a renunciar a la administración autónoma de tu tiempo para invertirlo en un trabajo que no te gusta –al menos en la gran mayoría de los casos- y para producir cosas, muchas de las cuales el ser humano no necesita. Una sociedad donde constantemente te dicen qué hacer y boicotean cada oportunidad de pensamiento propio desde la familia, la escuela, los medios de comunicación y la cultura, no es una sociedad libre porque sólo aprendés a obedecer y no a decidir por vos mismo, aprendés a encajar en el grupo y no a ser un individuo genuino.

La libertad no es una cosa que alguien te puede dar o quitar, la libertad depende de cómo te relaciones con vos mismo y con el mundo. Vos podrás decir: “pero si me meten en una cárcel me sacan la libertad y cuando me sacan de la cárcel me la devuelven”. Eso es falso, lo que te hacen es limitar tu capacidad de movimiento y tus derechos civiles. Obvio que es preferible conservar ese mínimo de “libertad” que no tenerla, pero esa no es la verdadera libertad, porque en la sociedad externa a la cárcel también somos vigilados, medidos, monitoreados, y forzados a cumplir reglas que nosotros no hicimos (sino que otros hombres hicieron para el resto) pero nos compelen a acatar y nos impiden hacer las cosas que verdaderamente queremos y necesitamos.

Nuestra concepción de la libertad como cosa, como un bien o mercancía, es parte de nuestra falta de ella. Es mentira que un ser humano pueda ser “liberado” por otro. La libertad es una relación con vos mismo y con el mundo, y aunque alguien te pueda ayudar a hacerlo, la única persona que puede cambiar esa relación sos vos. Obviamente un individuo no puede autoliberarse por completo mientras los que tiene alrededor no lo hacen. Pero sí podés empezar a cambiar tu relación con vos mismo y con los demás, un poquito todos los días.

Como los individuos aislados no existen, ya que vivimos en sociedad y todo individuo es un ser social, un individuo sólo puede ser libre si los demás lo son. Por lo que el cambio de una sociedad autoritaria a una sociedad libre sólo puede partir del individuo, en el esfuerzo del individuo por cambiar su relación consigo mismo y con los demás. Y eso no tiene por qué empezar en un horizonte lejano, sino aquí y ahora.

No es una utopía. Es una necesidad impostergable.

25 jun 2007

Para ser libres, no podemos seguir separando el pensamiento de la acción

La división social del trabajo manual e intelectual de la civilización esclavista emancipó a parte de la población de la actividad física. De esta manera aparecen la filosofía, la ciencia, y las disciplinas del intelecto. Los antiguos griegos son un ejemplo de esto.
El pensamiento abstracto creó nuevas formas de interpretar al mundo y expandió nuestra capacidad de pensar, pero a cambio de separar nuestra mente de la vida (que es siempre concreta), muchas veces con el fin de legitimar lo actual como el devenir natural de nuestra esencia humana. La especialización nos hizo capaces de profundizar en ciertos aspectos de la realidad pero a costa de perder una visión integral de la misma. Nos sumerjimos en la parte y nos olvidamos de la totalidad, nos elevamos a lo abstracto y no volvemos a lo concreto. La integración consciente del pensamiento con la acción también es necesaria si queremos que las herramientas creadas por
nosotros se sometan a nuestra voluntad y no al revés. La ciencia y la razón deben ser utilizadas para iluminar la vida, no para gobernarla. No deben ser patrimonios de especialistas ni pueden ser consideradas como sujetos. Son creaciones de la humanidad y deben servir a los fines de la humanidad, no a fines propios. La reapropiación de la ciencia y la razón por las personas eliminará toda independencia de la ciencia y la razón sobre la voluntad de las personas, juntamente con su monopolio autoritario por parte de castas (comunidad científica, intelectualidad, intelligentsia). Otro motivo para contrarrestar la división social del trabajo manual e intelectual es el autoritarismo que se genera con la división entre los que piensan y los que ejecutan lo pensado por otros. La actual producción, que separa a los productores de los medios de producción, también separa a quienes producen de la dirección de la producción, siendo esta última tarea la ejecutada por los propietarios o personal especializado (supervisores, gerentes, burócratas, etc.). Entonces hay un doble motivo para combatir la división del trabajo intelectual y manual: para ser individuos plenos y para combatir las relaciones autoritarias basadas en el monopolio del pensamiento por unos individuos y la reducción de otros a meros ejecutores de sus ideas.

Related Posts with Thumbnails